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	<title>Carlos Marentes&#039; Blog</title>
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		<title>Los nuevos odres</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jan 2012 22:20:05 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_544" class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><a href="http://carlosmarentes.files.wordpress.com/2012/01/plenaria-con-sicialia-8h.jpg"><img src="http://carlosmarentes.files.wordpress.com/2012/01/plenaria-con-sicialia-8h.jpg?w=500&#038;h=318" alt="" title="plenaria-con-sicialia-8h" width="500" height="318" class="size-full wp-image-544" /></a><p class="wp-caption-text">Un minuto de silencio por las víctimas de la violencia en México. Cideci – Unitierra. Foto de Carlos Marentes. Enero 1, 2012.</p></div>
<p><strong>Javier Sicilia</strong></p>
<p><em>(Cada fin de año, La Universidad de la Tierra, vinculada con el zapatismo, realiza en san Cristóbal de la Casas, Chiapas, un coloquio sobre los movimientos antisistémicos. El año pasado, Javier Sicilia participó con una ponencia titulada: “Proporción y revolución” (Conspiratio 07). La presente entrega, con la que participó este fin de año, continúa con esa reflexión. En ella, retomando a los Padres del Desierto que salvaron a Europa cuando cayó del Imperio Romano, trata de analizar la manera en la que los Movimientos Sociales comienzan a generar lo nuevo frente al desmoronamiento de las instituciones de la modernidad.)</em></p>
<p>No se echa vino nuevo en odres viejos, pues los odres reventarían, el vino se derramaría y los odres se echarían a perder. El vino nuevo se echa en odres nuevos y los dos se conservan,<br />
 Mt. 9 17.</p>
<p>Uno de los grandes problemas de la percepción humana es que las realidades históricas en las que vivimos parecen haber estado siempre allí. Instituciones como el Estado, la economía, el mercado, las instituciones de servicio del mundo moderno y sus innumerables sistemas –el sistema burocrático, financiero, carretero, médico, educativo…– parecen, en la percepción del hombre contemporáneo, realidades inmutables cuyas crisis e injusticias pueden superarse. Así, desde la creación del Estado moderno y del capitalismo, las luchas políticas y sociales, nacidas del gran fracaso de las ideas que hicieron posible la revolución francesa –el momento, decía Hegel, de mayor libertad fue también el momento de mayor tiranía bajo el cadalso del terror y de la guillotina– no han sido otra cosa que intentos por hacer que el Estado y el capital encarnen en el sueño Ilustrado de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Ya fuera bajo la lógica de los fascismos, del marxismo y sus variantes revolucionarias o del actual liberalismo económico, el objetivo ha sido domesticar al Estado, al capital y a los sistemas que nacieron de ellos para ponerlos al servicio de todos los hombres. Sin embargo, no se ha logrado. Lejos de ello, el fracaso, el malestar y el horror, bajo el imperio de cualquiera de esos sistemas ideológicos, han cundido por todas partes. No sólo los seres humanos se han instrumentalizado, es decir, han sido sometidos, humillados y destrozados en nombre de esos sueños que, a través del Estado, debían encarnar en la historia –los horrendos asesinatos del crimen organizado o desorganizado no son más que la forma sin contenido ideológico de esa instrumentalización humana que corre a lo largo de los tres últimos siglos de amar las abstracciones del hombre por encima de los seres humanos de carne y hueso–, sino que esas instituciones, a las que se ha intentado domesticar y dirigir para que sirvan a todos, están en una profunda descomposición y pronto colapsarán.</p>
<p><span id="more-548"></span><br />
La razón es que, más allá de los límites de nuestras percepciones en las que siempre estamos atrapados, el Estado, el capital y sus sistemas, son una construcción histórica y, al igual que sucede con  toda construcción histórica, morirán, como algún día murió no sólo el imperio romano, el feudalismo, los absolutismos, la Iglesia como poder político, sino también las variantes más claramente ideológicas del Estado hobbsiano: los Estados fascistas y el Estado soviético. La realidad, también, es que la esperanza de esa sociedad perfecta, que nació de los sueños de la Ilustración —esos sueños que, como una confirmación de lo que vio Goya, han engendrado monstruos— y que nos vienen del sueño judeocristiano de un Reino donde imperaría la justicia, han resultado –y allí están las maneras en las que se asesina hoy– un absurdo criminal. Si en nombre de los seres humanos y de su felicidad, es decir, en nombre de la sociedad perfecta, no hemos cesado, desde la revolución francesa, de oprimir, asesinar y destrozar la felicidad cotidiana de los seres humanos que viven no en el futuro idílico sino el presente de cada momento histórico; hoy, se les sigue asesinado por la misma horrenda realidad, que los sueños abstractos de las ideologías encubrían, la nada, la pura voluntad de poder, para decirlo con Nietzsche, que está llena de nada.</p>
<p>No obstante, entre las fracturas profundas de esas construcciones históricas –los desastres económicos, la ineficiencia y corrupción de los partidos y de los gobiernos, el crecimiento de la miseria y del crimen, las devastaciones ecológicas, la criminalización de las protestas— comienza –al igual que ha sucedido cada vez que se desmorona una construcción histórica– a emerger algo nuevo. ¿De qué orden es? No lo sabemos. Lo nuevo es siempre tan tradicional, como el cultivo de las uva, y tan sorprendente como un vino nuevo. Quisiera, sin embargo, delinear algunos rasgos que creo comenzar a descubrir en esa novedad. Para ello, me serviré de una analogía histórica –siempre para comprenderse hay que mirarse en el espejo del pasado– a la que ya había aludido el año anterior en mi ponencia “Proporción y revolución”,[1] al tratar de aclarar lo que más allá de cierto lenguaje marxista –remanente de las instituciones que se resquebrajan– el zapatismo tiene de novedoso.</p>
<p>En el siglo IV, frente a las fracturas del imperio romano y como una manera de rescatarlo, Constantino I dio rango jurídico a una de las doctrinas religiosas que, por sus contenidos éticos y por su expansión por los territorios dominados por el Imperio, podía funcionar como una manera de apuntalar las corrompidas instituciones romanas: la Iglesia cristiana. Al conferirle a los obispos el mismo rango que a los magistrados romanos en las cuestiones jurídicas le permitió al Imperio darle nuevos contenidos a las urbs romanas: no sólo –algo que ya estaba en el derecho romano– tener ciudadanos romanos por adopción, sino también, por esa novedad que el cristianismo trajo al mundo: la caridad, atender y mantener bajo el control del imperio, a los extranjeros sin estatuto jurídico que invadían las urbs y que los cristianos llamaban prójimos, mediante órdenes caritativas de derecho social. Lo que en el Evangelio era una novedad de la libertad del amor: el prójimo es alguien al que decido amar más allá de las prescripciones y proscripciones jurídicas de mi étnia (un acto tan libre como gratuito y ajeno al poder que en las primeras comunidades cristianas se expresó por la costumbre de tener siempre un cabo de vela y una cama por si Cristo llegaba a tocar a la puerta en la figura de un desconocido), se convirtió, con la Iglesia oficializada por el Imperio, en un conjunto de instituciones al servicio de la administración de una projimidad  impersonal.</p>
<p>En ese contexto, un grupo de hombres de la joven cristiandad, abandonaron las ciudades del imperio para irse a vivir a los desiertos de Siria y Egipto. Seguramente intuyeron que la libertad del Evangelio era incompatible con un poder administrativo y una política de regulación. Lo que buscaban en los desiertos era paradójicamente el Paraíso.[2] No un lugar, con el que siempre han soñado los milenarismos y las utopías modernas nacidas de la revolución francesa, de abundancia y riqueza, sino un sitio donde pudieran vivir una nueva naturaleza, revelada en Cristo, y expresada en la sabiduría y el amor encarnado en la vida solitaria o común, llena de proporciones –lo que las sociedades modernas llaman despectivamente pobreza—y siempre abierta todos. Fueron ellos los que, un poco después de la caída del Imperio y la devastación de sus instituciones en el siglo V, rescataron, bajo la inspiración de la vida monástica articulada por San Benito, la civilización y crearon una forma de vida nueva que más tarde la Iglesia y los remanentes imperiales se encargarían de corromper, dejándola sólo como espacios simbólico de lo que fue la vida de las primeras comunidades cristianas y de la vida de los Padres del Desierto.</p>
<p>Vivimos, en este sentido, una realidad parecida. La crisis del Estado moderno y del modelo económico, han hecho emerger de sus fracturas un conjunto de movimientos contestatarios llamados antisitémicos. El zapatismo es uno de ellos. Lo son también los indignados, la llamada primavera de los países árabes, los occupy y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Lo que los asemeja a los Padres del Desierto es que han entrado en conflicto con los poderes de su tiempo. Lo que los diferencia, es que nosotros no hemos huido a los desiertos –ya nos los hay; los que aún existen están sometidos a los Estados y a las expansiones del capitalismo global y sus sistemas—y que hemos decidido enfrentar esos poderes. Sin embargo, mientras los Padres del Desierto trataron de crear un nuevo modo de vida basado en una vida austera de oración y de trabajo con sus manos, es decir, el de un nuevo estatus ontológico de libertad venido de Cristo, al margen del Estado y sus instituciones, los movimientos de hoy quieren, como un remanente del cerco de las percepciones y de las maneras en las que durante los últimos tres siglos otros movimientos se han enfrentado al poder, transformar al Estado. Hay en este sentido, algo nuevo y algo viejo en los movimientos antisistémicos. Los parteaguas históricos –como el de la caída del imperio romano o el desmoronamiento del Estado hobbsiano y de la economía moderna—generan franjas ambiguas donde lo nuevo no termina de delinear su rostro y lo consabido, que ya no sirve, continúa utilizándose para una transformación fundamental. Son, por lo mismo, momentos de profundos clarosocuros. En nuestro caso, lo nuevo es la conciencia de que tanto el Estado como la economía ya no responden a lo que se esperaba de ellos: ni cuidan la vida de los ciudadanos ni producen riqueza para todos –la suma de sus destrucciones y despojos es más profunda que la suma de sus producciones que invaden todo–. Lo nuevo, también, es que a diferencia de los movimientos sociales del pasado, no quieren el poder y en lo mejor de sí mismos son no-violentos Lo viejo es que creen todavía que el Estado y el mercado, que ya entraron en una descomposición fatal que terminará por destruirlos, pueden cambiar, transformarse o enmendarse.En medio de ellos, lo ambiguo. Cuando leí la Primera Declaración de la Selva Lacandona, lo que admiraba era la aparición del universo indígena que reclamaba su autonomía y la defensa de sus mundos. Lo que me alarmaba, era que también querían lo que los destruiría: el mundo de la modernidad expresado en un conjunto de sistemas propios del Estado moderno y su economía: lavadoras, escuelas, clínicas, etc. Algo parecido me encontré cuando visité a los occupy en Washington y Los Ángeles. La forma en la que viven es un proceso de autonomía –en medio de sus campamentos, levantados en parque públicos, dialogan entre sí, se organizan, se alimentan, mantienen limpio y cuidado su entorno y se apoyan unos a otros–. Están en los espacios de la ciudad que custodia el Estado, pero confrontados y al margen de él. Sin embargo, su accionar reclama al Estado y al mercado su inoperancia para incluirlos en el pastel. Son, dicen, el 99% de los excluidos que buscan las rebanadas que el Estado y el mercado les roba. Algo parecido sucede con los indignados y, habría que decir también, con los jóvenes de la primavera árabe –el caso del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad se mueve en el mismo territorio de la descomposición, pero es de otra índole y me referiré a él más adelante–. Lo ambiguo de estos movimientos está tanto en lo que son –una forma distinta de ser al margen del Estado y una respuesta a su resquebrajamiento–, como en lo que demandan a ese mismo Estado y a un sistema económico en descomposición que los ha desplazado. Si el Estado hobbsiano y la economía moderna no pueden darles lo que reclaman es porque se basan en lo que Iván Illich llama el “desvalor”. El concepto es complejo.[3] No existe en el diccionario. Pero en relación con el valor que, despojado de su sentido utilitario, está asociado con el bien, significa, en los términos de Illich, una destrucción de los ámbitos de comunidad, de sus culturas y del medioambiente, cuyo resultado es la pérdida del trabajo tradicional, es decir, proporcional y limitado, que hace posible la subsistencia, y su reemplazo por el desempleo, las mercancías y la lucha por acceder a ellas, es decir, la instalación de la violencia. Es, en síntesis, la destrucción del bien por el valor de lo inaccesible o, en otras palabras, la desvalorización del bien.  A pesar de que estos movimientos habitan ya lo nuevo, como un retorno al límite, a la proporción, al trabajo común, utilizando de manera limitada ciertas herramientas del mundo moderno, siguen creyendo, primero, que las tareas del Estado y la tareas económicas, cuya finalidad es el control de los seres humanos bajo burocracias y cadenas productivas, pueden todavía usarse en las realidades humanas, cuya dimensión no es el valor, sino el bien. Segundo, continúan creyendo en una dimensión ficticia del progreso, cuya realidad más evidente es la negación del pasado, de la tradición y de la convivencia, como desechos de la historia. Aunque el zapatismo, iluminado por la tradición de los pueblos indios y obligado a replegarse por la persecución del Estado, ha logrado descubrir la fuerza de sus saberes creando los Caracoles, creo que en su fondo continúa creyendo que es posible transformar al Estado para reproducir, en la lógica de las ideologías históricas, sus propios descubrimientos.</p>
<p>Esta crítica puede hacerse también al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Sin embargo, hay ciertos matices en él. De alguna forma se parece al zapatismo.</p>
<p>Nace, como él, de la visibilización de los negados por el sistema –no de los indígenas, sino de las víctimas de una guerra, consecuencia del pudrimiento del Estado y de una criminalidad que en la lógica del capital lleva a grados atroces la instrumentalización de lo humano–. Al igual que él tiene un lenguaje poético de altísima dignidad moral. A diferencia suya no tiene un ejército y ha apostado por un diálogo con todos los poderes y los sectores sociales para obligar al Estado a reparar la justicia y la paz. También, a diferencia suya, no nace de una comunidad ancestral que le ha permitido crear una sólida estructura comunitaria y proporcional al margen del Estado, sino, semejantes a los occupy, a los indignados y a los muchachos de la primavera árabe, es el fruto de ciudadanos, atomizados por el Estado y la economía, que el dolor y la exclusión ha reunido en un extraño común. Su fuerza no radica tanto en su confrontación con el Estado y los criminales, sino en la manera en que lo hace. Al dialogar, confronta la ancestral violencia de las ideologías por la disputa del poder y la administración del Estado; al recorrer el país, reunir a las víctimas en un abrazo y darles voz en el espacio público, usurpado por los poderes, rompe el cerco del poder y redescubre la vida comunitaria hecha de solidaridad, de límites, de apoyo mutuo y de relaciones personales. Por último, al besar a todos, reedita una antigua práctica de las primeras comunidades cristianas: la conspiratio, el intercambio de espíritus, a través del aliento, que simboliza la abolición de los estamentos., la reconciliación y la paz.</p>
<p>Ninguno de estos movimientos reformará al Estado ni al capital que está en el centro del malestar. Son, como digo, en analogía con los cristianos que partieron a los desiertos de Siria y Egipto, formas nuevas que, al mirarse en la tradición, emergen de las grietas de las instituciones modernas como preludio de lo que se gesta en medio de este nuevo desastre histórico. En esas condiciones no es posible saber, como tampoco lo sabían los Padres del Desierto, lo que estos movimientos aportarán al desmoronamiento para rehacer y preservar el mundo. Lo que, sin embargo, sabemos es que podemos mantenernos juntos, en un profundo diálogo, en un profundo apoyo y profundizando lo nuevo que emerge de nosotros al margen del Estado y de la economía, como formas pedagógicas de lo que el Estado y el capital han negado y se obstinan en continuar negando a pesar del desastre. No es otra cosa lo que esos Padres del Desierto hicieron mientras el imperio terminaba de desmoronarse. No es otra cosa tampoco lo que en el fondo, en las márgenes que a veces toman el centro, hacemos al expresar una vida de proporción, es decir, humana. Nuestras diversas formas de caminar, nuestras distintas maneras de organizarnos y de decir deben ser una invitación a los otros a reflexionar sobre lo que conviene hacer en determinado sitio y en determinadas circunstancias teniendo siempre en mente el bien como virtud y no como valor. Estas maneras de ser y de actuar son, como lo señalé en mi ponencia pasada, “Proporción y revolución”,[4] una manera no sólo de conservar el mundo que otros prepararon para nosotros, sino de hacerlo más habitable. Son los odres nuevos para el vino nuevo que se prepara por encima del horror y la desesperanza.</p>
<p>Además opino que ha que respetar los Acuerdos de San Andrés.</p>
<p>[1] Cf. Conspiratio 07, ¿Es posible la revolución”, Jus, México, pp. 48-58.</p>
<p>[2] Cf. Javier Sicilia, “El lugar del no-lugar: las Reducciones del Paraguay”, Ixtus 45, Jus, 2004, pp.80-84.</p>
<p>[3] Para una visión más profunda del concepto, Cf. “Desvalor”, en Iván Illich, Obras reunidas II, FCE, México, 2008, pp. 477-486.</p>
<p>[4] Cf. Conspiratio, op. cit.</p>
<p><em>(Texto escrito para el IIº Seminario Internacional de reflexión y análisis “Planeta tierra: movimientos antisistémicos”, Universidad de la Tierra, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 30-31 de diciembre de 2011, 1-2 de enero de 2012.)</em></p>
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		<title>Pensar desde el abismo</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jan 2012 22:07:10 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://carlosmarentes.files.wordpress.com/2012/01/gustavo-esteva-8h.jpg"><img src="http://carlosmarentes.files.wordpress.com/2012/01/gustavo-esteva-8h.jpg?w=500&#038;h=333" alt="" title="gustavo-esteva-8h" width="500" height="333" class="aligncenter size-full wp-image-540" /></a></p>
<p><strong>Gustavo Esteva</strong></p>
<p><em>(Texto escrito para el II Seminario Internacional de Reflexión y Análisis, Cideci, Unitierra, Chiapas)</em></p>
<p>No estamos al borde del abismo. Ya caímos en él. Estamos  en caída libre por un  abismo que parece realmente insondable. No se le ve el fondo.</p>
<p>No somos un “estado fallido”, una categoría mal intencionada e inasible que hace unos años empleó el Departamento de Estado de Estados Unidos al clasificarnos junto a Congo y Pakistán. Pero ya no se sabe bien lo que somos. El país que teníamos se ha estado cayendo a pedazos y ni siquiera sabemos adónde van quedando algunos de ellos.</p>
<p>Al atender esta nueva convocatoria de la Universidad de la Tierra en Chiapas propongo de entrada que repasemos brevemente las evidencias del desastre, por mucho que nos duela hacerlo.</p>
<p><span id="more-539"></span><br />
 <strong>El desastre</strong></p>
<p>Desde hace años, México crea al hombre más rico del mundo y a un grupo que lo acompaña en los primeros lugares de esa lista escandalosa de potentados mundiales que hoy son más ricos que nunca. México crea también a algunos de los pobres más pobres del planeta y una proporción creciente de los mexicanos ha entrado en la categoría de pobres. No son dos hechos separados. Son el mismo. Lo que destroza cada vez más el país es esta máquina enloquecida que acumula inmensas riquezas para algunos y despoja y empobrece a la mayoría. El sistema, el capitalismo, es un dispositivo para empobrecer – como explican muy bien Jean Robert y Majid Rahnema en el libro que se acaba de presentar aquí mismo. Esta máquina, esta manera de organizar la sociedad para beneficio de unos cuantos, es la raíz y el trasfondo de nuestros desastres. Repasemos algunos.</p>
<p>La quinta parte de los mexicanos ha tenido que abandonar el país para irse  a Canadá y Estados Unidos…e incluso tan lejos como el Japón. La nuestra es una de las más grandes emigraciones de la historia. Cientos de miles siguen tratando de cruzar cada año esa puerta de escape, aunque se encuentre cada vez más cerrada. ¿Dónde quedan ahora nuestras fronteras? Los nuestros de allá, que hace años no están con nosotros, se siguen sintiendo mexicanos y sus remesas son condición de subsistencia para millones de personas. Aquí operan y dirigen los policías de allá, las corporaciones transnacionales controlan sectores cada vez más amplios de nuestra economía, y se afianzan costumbres, productos, actitudes y músicas que desplazan todo lo nuestro. ¿Cuál es hoy el contorno actual del país en términos geográficos, económicos, culturales? ¿Cómo fue que permitimos este trágico desmantelamiento?</p>
<p>El número de crímenes que se cometen diariamente en México es abrumador. Su barbarie encoge el corazón. No hay ya lugar seguro y en amplias porciones del territorio nacional se han perdido todas las formas civilizadas de convivencia; rige sólo la ley del más fuerte. La violencia, cada vez más general, se hace cada vez más aleatoria. Activistas, dirigentes sociales y periodistas siguen siendo blancos favoritos, pero se multiplican también asesinatos sin sentido que el gobierno llama “bajas colaterales” y pretende esconder bajo la alfombra de su guerra criminal. Las mujeres, como siempre, padecen más que los hombres. La violencia ha invadido la esfera doméstica y se instituye como norma de relación.</p>
<p>Estos dos géneros de violencia brutal, la que separa a la gente de su familia, su comunidad y su país y la que mata y golpea indiscriminadamente, se manifiestan también como agresión brutal a la Madre Tierra. Se despoja a pueblos enteros para destrozar con formas muy dañinas de explotación el pedazo de tierra que habían protegido hasta ahora. Se destruye continuamente, con la complicidad general, lo que nos queda de un territorio privilegiado que lo es cada vez menos, esa porción de la Madre Tierra considerada entre las de mayor diversidad en el mundo que alguna vez se describió como cuerno de la abundancia.</p>
<p>La injusticia, opresión y arbitrariedad que antes afectaban sobre todo a los más pobres se ha generalizado. Las instituciones creadas para proteger de la violencia, ofrecer solidaridad frente al infortunio y el desamparo y garantizar el respeto a la libertad de las personas están produciendo lo contrario. Aparece en toda su desnudez el carácter de nuestro régimen político, en el cual las leyes se formulan y aplican como privilegio de clase. “Nuestra clase política” ha dicho Javier Sicilia, “vive una forma de criminalidad tan impune como la delincuencia que dice combatir”. Al convertir el fraude en “modo de vida” y “hacer de la depredación, del pillaje y del crimen simples técnicas de gestión, la verdadera diferencia entre el crimen legal y el ilegal sólo es una diferencia de intensidad” (Proceso 1811, 17/6/11). En vez de estructuras formales reguladas por normas generales, conocidas y aceptadas por el cuerpo social, la mayor parte de lo que nos queda de país se encuentra bajo el control de mafias y bandas que operan al margen de todas las normas legales e institucionales, dentro y fuera de los aparatos de Estado. México padecía hace mucho tiempo esa condición, que era uno de los secretos de la supervivencia del PRI. Pero el punto a que se ha llegado no tiene precedentes y es claro resultado del carácter monstruoso y disparatado de la guerra de Calderón, que convirtió un asunto de salud pública en cuestión de seguridad nacional y la abordó con aparatos podridos hasta el tuétano.</p>
<p>Aunque no lo queramos reconocer, estamos en plena guerra civil. Está entre las peores de su clase, porque se ha estado perdiendo noción clara de los bandos en pugna y no existe ya ganador posible. Como escribió hace poco el subcomandante Marcos, “esta guerra…está destruyendo el último reducto que le queda a una nación: el tejido social” (“Apuntes sobre las guerras”, Carta primera a don Luis Villoro Toranzo del subcomandante insurgente Marcos, enero-febrero 2011).</p>
<p>Hace seis meses escribí que “un horror gelatinoso amenaza cada vez más nuestra vida cotidiana. En muchas partes ya no se puede salir a la calle a ciertas horas. Este toque de queda no declarado marca límites y orienta el comportamiento. En una variedad de esferas no hay siquiera toques de queda que delimiten lo que podemos o no hacer. No sabemos ya dónde se hallan peligros a menudo mortales.” (La Jornada, 25/7/11).</p>
<p>La situación ha empeorado desde entonces. Estamos de verdad en caída libre en un abismo insondable.</p>
<p><strong>El dolor de la conciencia</strong></p>
<p>Cultivemos el dolor que todo esto provoca, un dolor que se haría aún más intenso si prosiguiéramos la enumeración. No lo matemos.</p>
<p>Permítanme una desviación. Por culpa de los alemanes redujimos con ellos el sentido de la palabra estética, que hace mucho tiempo significaba sentir, percibir con los sentidos. Todos éramos estetas, todos sentíamos. Huellas de ese origen están en la palabra hiperestesia, que muy pocos usan. Quiere decir sensibilidad excesiva y dolorosa. Y está también en una palabra que todos empleamos, anestesia, que es la insensibilidad al dolor inducida artificialmente, la falta de sensación.</p>
<p>Sin masoquismo alguno, sin anestesia, tratemos de sentir a fondo, sin velos, pretextos o salvedades, el dolor profundo que nos puede causar percibir el estado en que nos encontramos.</p>
<p>Estar intranquilo sería enfermedad o anomalía si no hubiera motivo para estarlo, si fuera solamente una ansiedad patológica sin contacto con la realidad. Pero hay razones sobradas para la intranquilidad actual, esa inquietud que nos pone en alerta cuando algo anda mal y debemos hacer algo. Acudir a tranquilizantes, en esta situación, implica negar lo que percibimos para mantenernos quietos, calmados, sosegados. Eso se quiere hacer hoy: anestesiarnos, paralizarnos, evitar la acción inducida por la conciencia que nos da el dolor.</p>
<p>En las culturas tradicionales el dolor se interpreta como un reto que exige una respuesta y el sufrimiento aparece como parte inevitable de un enfrentamiento consciente con la realidad. En la sociedad moderna, en cambio, se nos enseña a interpretar el dolor como un indicador de que necesitamos comodidades y mimos que nos proporcionarán los médicos, para quienes el dolor es un problema técnico. Se trata de matar el dolor, de mantenernos anestesiados. Decía Iván Illich, hace años, que el uso creciente de dispositivos para matar el dolor nos convierte en espectadores insensibles de nuestra propia decadencia.</p>
<p>Eso es lo que experimentamos hoy. Ante el desastre cuyas evidencias cotidianas se multiplican aumenta el consumo de tranquilizantes químicos o discursivos. Con las drogas legales o ilegales, con la cocaína lo mismo que con Prozac, Valium,  o la simple aspirina, perdemos vitalidad y capacidad de respuesta, nos hacemos pasivos y apagados, dejamos de sentir… Lo mismo ocurre cuando consumimos discursos en vez de drogas. Unos políticos tratan de negar la evidencia y se afanan continuamente en ocultarla tras nubes estadísticas y retóricas. Otros usan una especie de cachondeo apocalíptico para llevar agua a su molino ideológico: sostienen que bastará hacerles caso y usar las aspirinas que prescriben y ellos administrarán para que el cáncer desaparezca. Las elecciones logran ya que hasta algunos de los más enterados de nosotros desvíen su atención de lo que importa para entretenerse y entretenernos con el circo de tres pistas que se anuncia ya por todas partes. Disimulan cuanto nos causa dolor y vergüenza para que nos refugiemos en un juego de ilusiones que condena a la parálisis, para que no intentemos la acción que realizaríamos si sintiéramos a plenitud lo que está ocurriendo con nosotros y nuestro país.</p>
<p>Traigo todo esto a colación para explorar por qué nos dejamos llevar hasta este punto a pesar de las evidencias de lo que se venía encima y de que fuimos oportunamente advertidos. El 20 de noviembre de 1999, por ejemplo, el subcomandante Marcos describió en La Realidad las características de la Cuarta Guerra Mundial. Lo que dijo entonces anticipó muy puntualmente lo que acabo de describir. Explicó también el derrumbe de las viejas estrategias y las viejas concepciones de hacer la guerra y analizó la lógica y alcances de la nueva. En junio de 2007 amplió la descripción. Hizo ver que por fin había una guerra mundial totalmente total. Nos dijo, un año antes de la caída de Lehman Brothers, que “empresas y estados se derrumban en minutos, pero no por las tormentas de las revoluciones proletarias sino por los embates de los huracanes financieros”. Señaló también que el neoliberalismo “destruye todas las falacias discursivas de la ideología capitalista: en el nuevo orden mundial no hay ni democracia, ni libertad, ni igualdad, ni fraternidad” (“Siete piezas sueltas del rompecabezas mundial, junio de 2007). Teníamos incluso algunos acotamientos del camino que podíamos tomar: estaba La Otra Campaña.</p>
<p>Mi tema, hoy, es el por qué. Estamos ante una grave emergencia nacional que exige acciones colectivas inmediatas, urgentes. No podemos esperar. ¿Por qué hay tantos a la expectativa? Parece que preferimos ingerir algunas de las drogas que mencioné antes y refugiarnos en la pasividad y parálisis que propician.</p>
<p><strong>La ilusión democrática</strong></p>
<p>Tengo la impresión de que la más grave de las drogas paralizantes que se distribuyen entre nosotros se llama ilusión democrática. Se le consume de manera masiva, a la vista de todos, hasta que se produce una profunda intoxicación colectiva.</p>
<p>“Uno entiende –con don Antonio Machado- que los argumentos nunca desbancarán a las creencias; y la creencia en la democracia se muestra especialmente resistente a ellos. Pero que esa creencia sea también impermeable a la experiencia reiterada parece señalarla como una creencia formidablemente acorazada” (Emmanuel Lizcano, Diagonal Web, 28/11/11).</p>
<p>Pero no sólo estamos ante una creencia: se trata ya de una forma de fundamentalismo. Hace más de diez años, en plena transición española, la revista Archipiélago (núm. 9) señaló:</p>
<p>“En el punto en que la democracia se afirma como tabú de la tribu empieza a negarse a sí misma, a instituirse como manera desnuda de dominio, como bruta sinrazón sin otro objeto que el perpetuar el para tantos insoslayable estado de cosas… ¿No será ésta nuestra peculiar variante de fundamentalismo? ¿No se tiene a sí mismo por el único camino verdadero en vez de uno más entre los posibles o deseables? ¿No comparte con otros fundamentalismos análoga pretensión de verdad definitiva y conquista irrenunciable?… ¿No se adorna de una misma ceguera respecto de sí mismo? ¿No se estará creyendo en la Democracia bajo la misma ilusión con que se cree en el Corán o el carácter divino del imperio?”</p>
<p>Estamos, efectivamente, ante una forma de fundamentalismo que consagra como ideal supremo e intocable a instituciones que generan sólo ilusiones de democracia y la convierten en espectáculo.</p>
<p>Los pontífices de la religión democrática repiten incansablemente que el camino electoral es el único para transformar el país y agregan que la vía armada es inaceptable. Se divulga así una doble falacia. De un lado,  el camino electoral es también el de las armas. Está sembrado de cadáveres y desemboca inevitablemente en un régimen basado en la violencia. El monopolio de la “violencia legítima” que se otorgó al gobierno para proteger a los ciudadanos se usa cada vez más contra ellos. La vía electoral sólo sirve para definir, tramposamente, quién estará a cargo del gatillo.</p>
<p>De otro lado, insinuar que la única opción al camino electoral es la vía armada nos atrapa en la obsesión de que sólo a través de la toma del poder estatal –con votos o con armas- podemos plantear el cambio. Necesitamos escapar de esa trampa. La lucha actual no consiste en conquistar un dispositivo de opresión con la ilusión de que será posible darle funciones emancipadoras. Lo que hace falta es desmantelar esa maquinaria estatal –como señaló Marx con claridad cuando examinó el caso de la Comuna de París. Foucault nos lo ha planteado en términos elegantes y contemporáneos. Señaló que unos plantean sustituir la ideología sin modificar las instituciones y otros proponen cambiar éstas sin alterar el rumbo ideológico. Todo marchará bien si yo estoy ahí, dirán unos; con ajustes aquí y allá, corrigiendo vicios del pasado, resolveremos todos los problemas, dicen otros. Lo que hace falta, subrayó Foucault, es una conmoción simultánea de ideologías e instituciones. Es inútil sustituir al capitán del barco, si el barco mismo es el problema. Y se está hundiendo.</p>
<p>Ir más allá de la democracia no significa volver a las tradiciones autoritarias que marcaron a la izquierda en el siglo XX. Al contrario. Se trata de combatirlas en todas sus formas, tanto las abiertamente dictatoriales como las que se disimulan como democracias representativas. Se trata de hacer evidente que el famoso “gobierno de la mayoría” es profundamente autoritario y que las elecciones son sólo la cortina de humo para disimularlo. Que no sólo estaremos este año ante las elecciones de la ignominia sino que estaremos ante la ignominia del voto, lo que nos plantea un problema ético y político muy serio, que incluso nos enfrenta con muchos mexicanos que creen estar de nuestro lado, que quieren también el cambio, que consideran la situación tan insoportable como la sentimos nosotros…</p>
<p>Pero todo esto no es sino una colección de argumentos que evidentemente ha sido incapaz de desbancar a las creencias democráticas. Los adeptos de esa religión y sus pontífices fundamentalistas se multiplican y su iglesia parece  consolidarse.</p>
<p>¿Tendrá acaso razón Raúl Zibechi cuando sostiene que el problema está en la falta de opciones? La gente estaría recurriendo a las drogas químicas o discursivas porque habría reconocido la gravedad de la situación pero no sabe qué hacer y  no encuentra salida del atolladero. La parálisis vendría de esta angustia específica, de esta sensación de impotencia. La droga se usaría solamente para calmarla, para atenuar sus efectos, para no sentirla.</p>
<p>Dice bien Zibechi que los movimientos tradicionales de la izquierda, lo mismo que los nuevos movimientos sociales, parecen paralizados “porque el mundo en el que nacieron y crecieron está desapareciendo rápidamente”. Tiene razón también cuando subraya que “no se trata de cambiar el mundo, como si fuera algo externo a nosotros, sino de cambiarnos con el mundo.” Finalmente, también tiene razón al sostener que “ni el capitalismo ni el sistema-mundo caerán solos”, que “necesitamos desmantelarlos” y que “si lo conseguimos caeremos con ellos”.  “Sería vanidoso –concluye Zibechi- pretender que podemos salvarnos por el solo hecho de creernos revolucionarios”.</p>
<p>Zibechi describe el predicamento que parece aquejar a los anticapitalistas en todas partes del mundo en términos muy claros:</p>
<p>“No tenemos estrategias para vencer al capital, ni electorales ni insurreccionales, y no tenemos siquiera un imaginario alternativo a las urnas o a la toma del palacio. En segundo lugar, no hemos puesto en pie economías autosustentables, capaces de sostener la vida y de entusiasmar a los de abajo a dedicar todas sus energías a esas tareas. En suma, si llegamos a triunfar contra el capital, no sabemos con qué sustituir el capitalismo, salvo empeñarnos en repetir aquel “socialismo de Estado” (que en realidad era un capitalismo de Estado autoritario) que fracasó a finales de la década de 1980” (La Jornada, 18/11/11).</p>
<p><strong>El despertar</strong></p>
<p>Examinemos con cuidado esta hipótesis, que contribuye a entender la parálisis relativa que vivimos y la medida en que millones de personas siguen presas de la ilusión democrática. Este análisis, empero, no ve el otro lado de la medalla. Nos encontramos en una situación radical. Podemos observar un despertar colectivo producido por la coincidencia de una situación general muy adversa –los desastres- y la evidencia general de que la respuesta convencional, lo que hacen los gobernantes y los capitales, agrava esa condición y conduce a callejones sin salida. Surge así la ruptura. Empieza a pensarse lo impensable.</p>
<p>La situación radical que hoy vivimos emana de la condición general en que la inmensa mayoría de la población siente en riesgo su modo de vida, aunque sólo una minoría vea directamente amenazada su supervivencia. Se pierden los empleos, los haberes, las expectativas. Sólidas seguridades que eran argamasa de la vida social se desvanecen en el aire. En esta condición general, se hace cada vez más evidente para todos que las respuestas del Estado y del mercado son inútiles y a menudo agravan las dificultades en vez de remontarlas.</p>
<p>El despertar se manifiesta a menudo de manera caótica e imprevisible, como un rayo en noche serena, una iluminación, un estallido. De un día para otro lo que se consideraba normal toma el aspecto de andar de sonámbulo. De repente se perciben inmensas cuarteaduras que estaban ahí desde hace tiempo pero que dejamos de ver y entraron a formar parte del paisaje. Algunos de estos estallidos resultan efímeros, meros fuegos de artificio. Pero el despertar colectivo que caracteriza una situación radical no funciona así. Requiere tiempo para madurar. Su propio tiempo. Tiene su calendario y su geografía.</p>
<p><strong>El despertar en la dispersión cotidiana rebelde</strong></p>
<p>Poco a poco, en la base social, la gente sustituye sustantivos como educación, salud o vivienda, que serían “necesidades” cuya satisfacción depende de entidades públicas o privadas, por verbos como aprender, sanar o habitar, los cuales expresarían el intento de recuperar agencia personal y colectiva y habilitar caminos autónomos de transformación social.</p>
<p>Hemos llegado a un punto en que quien no tiene miedo al hambre, que acosa cada día a mil millones de personas, tiene miedo de comer, porque sabemos ya de los ingredientes dañinos de los alimentos que se ofrecen en el mercado. Pero la gente está rompiendo esa dependencia. Los habitantes de las ciudades empiezan  a producir sus propios alimentos. La mitad de lo que comen en La Habana lo cultivan ahí mismo. En Pasadena, California, en poco más de 300 metros cuadrados se cultivan tres toneladas al año de más de 400 vegetales. Se cultivan alimentos hasta en el centro de la ciudad de México. Al mismo tiempo, se asocian consumidores urbanos y productores rurales para crear una alternativa al mercado. La tradicional lucha por la tierra se convierte en defensa del territorio. Lo dijo en Jaltepec, hace un par de años, el Foro Nacional Tejiendo Resistencia por la Defensa de Nuestros Territorios: “Estamos en resistencia. No nos dejaremos vencer por esta nueva ofensiva neoliberal de despojo. Creemos profundamente en el valor de nuestras asambleas, del ejercicio de la autoridad vista como servicio, la propiedad colectiva de la tierra y la reconstitución de nuestros territorios como pueblos, como instituciones de las que obtendremos fortaleza” (<a href="http://www.huizache.org/noticias/declaracion-jaltepec">http://www.huizache.org/noticias/declaracion-jaltepec</a> )  </p>
<p>Hace cuatro años los zapatistas anunciaron la Campaña Mundial por la Defensa de las Tierras y los Territorios Indígenas, Campesinos y Autónomos en Chiapas, México y el Mundo. Todas estas expresiones se enmarcan en la idea de soberanía alimentaria que ha definido Vía Campesina, la organización de campesinos más grande de la historia: se trata de definir por nosotros mismos lo que comemos… y producirlo en nuestros propios términos (Ver Declaración de Nyéleni, en <a href="http://www.nyeleni.org/spip.php?article291">http://www.nyeleni.org/spip.php?article291</a>)</p>
<p>El sistema educativo se halla en crisis: no prepara a la gente para la vida y el trabajo y margina a la mayoría. A pesar del fracaso evidente y bien documentado de la escuela y de la experiencia cotidiana de los daños que provoca persiste aún una lucha generalizada por “obtener educación”; la mayoría ha sido educada en la idea de que sólo así podrá “ser alguien” y dejará de padecer la discriminación que se ejerce contra todos los “nadies”. Pero la gente ha estado reaccionando. Junto a los intentos de reformar y mejorar el sistema y de impulsar formas de educación alternativa, se extiende cada vez más un movimiento vigoroso que avanza en otra dirección. Las prácticas de aprendizaje autónomo y libre se han vuelto más populares que nunca y el movimiento está generando sus propios arreglos institucionales, al margen, en contra y más allá del sistema. Tales prácticas, sustentadas en su propio aparato teórico, desbordan los marcos actuales, recuperan antiguas tradiciones de aprendizaje e introducen tecnologías contemporáneas en las formas de aprender y estudiar como actividades gozosas y libres. Se trata de un movimiento peculiar. Es posiblemente el más grande del mundo, en términos del número de personas involucradas: quizás miles de millones. Pero es básicamente invisible y buena parte de quienes participan en él no se sienten parte de un movimiento social o político en el sentido convencional del término, aunque se entusiasman al encontrarse con otros como ellos, entablar relaciones horizontales y compartir experiencias. En general, están plenamente conscientes del significado de lo que hacen: viven a fondo la radicalidad de romper con toda forma de educación para aprender y estudiar en libertad.</p>
<p>El sistema de salud es cada vez más ineficiente, discriminatorio y contraproductivo. Se ha documentado ya  el efecto iatrogénico: médicos y hospitales producen más enfermedades que las que curan. La producción, distribución y consumo de salud es el segundo sector de la economía en el mundo, involucra a un número creciente de personas y se amplía tan rápidamente como sus fracasos. La gente ha reaccionado. Prosiguen esfuerzos de reforma y proliferan terapias alternativas. Al mismo tiempo, cunden iniciativas que desafían abiertamente al sistema mismo de salud, rompen con las nociones dominantes de enfermedad, salud e incluso cuerpo y  mente, al tiempo que nutren prácticas autónomas de sanación, recuperan tradiciones terapéuticas que habían sido marginalizadas y descalificadas por la profesión médica y habilitan formas de comportamiento más sanas y formas de tratamiento más humanas, arraigadas en el hogar y la comunidad. Empiezan ya a tomar forma sus nuevos arreglos institucionales.</p>
<p>Se extienden aún los desastres que habitualmente acompañan los desarrollos públicos y privados y estimulan la proliferación de personas sin techo.  Al mismo tiempo, se multiplican las movilizaciones que tienden a frenarlos, reformular el ámbito urbano y empezar a crear condiciones de vida diferentes en las ciudades, replanteando incluso la noción misma de ciudad. Se consolidan y fortalecen prácticas de autoconstrucción que definieron por mucho tiempo la expansión  urbana, enriqueciéndolas con tecnologías contemporáneas. Estilos de asentarse que por muchos años fueron la forma característica de construir de los llamados “marginales” se extienden hoy a otras capas sociales. Docenas de “ciudades en transición” definen un intento radical de transformación de la vida urbana. Se extiende por todas partes el movimiento okupa, los empeños de regeneración barrial y la creación de nuevos ámbitos de comunidad. Proliferan luchas que traen a la ciudad la mutación política en el campo y crean coaliciones de defensa territorial –contra un aeropuerto, una nueva vialidad, desarrollos públicos y privados. Tienden a convertirse en semilla para instalar formas autónomas de gobierno.  Forman parte de estos movimientos las iniciativas tendientes a recuperar la auto-movilidad, a pie o en bicicleta, y resistir activamente la subordinación a los vehículos de motor.</p>
<p>Aunque prosigue la Walmartización del mundo y unas cuantas compañías extienden su capacidad predatoria causando toda suerte de daños, se amplía también una nueva era de intercambio directo que se realiza fuera del mercado capitalista. Prosperan no sólo los mercados en que productores y consumidores abandonan esa condición abstracta para practicar el trato directo entre personas, sino también las monedas locales, que operan como medios de pago y argamasa comunal para facilitar las diversas formas de trueque que están renaciendo. Reciben muy diversos nombres los métodos de intercambio que en muchos casos abandonan la utilización directa del dinero-mercancía y buscan sustituir el mercado abstracto por relaciones entre partes que se conocen y se tienen confianza y ninguna explota a la otra. En todos los casos, son iniciativas que desafían abiertamente la ficción del mercado autoregulado que se ha empleado para disimular el dominio corporativo.</p>
<p>En todas las esferas de la vida cotidiana se manifiestan nuevas actitudes, bien arraigadas en sus contextos físicos y culturales, que prosperan dentro de nuevos horizontes políticos, más allá de las ideologías dominantes y de los patrones convencionales. Tales iniciativas adquieren creciente visibilidad en la hora de la crisis, puesto que ofrecen creativas opciones de supervivencia y resisten con eficacia las políticas y proyectos dominantes.</p>
<p>Es cierto que muchas personas participan en estas iniciativas sin abandonar el individualismo dominante. No sólo contraen la actitud a sí mismas, para su propia satisfacción, sino que rechazan con firmeza su sentido social y político. Pero es igualmente cierto que incluso ellas empiezan a reaccionar contra el hiper-individualismo reinante, padecen sus consecuencias y se abren a otras en un intento de redefinirse en su condición social.</p>
<p>Buena parte de estas iniciativas aparecen como reacciones de supervivencia, en situaciones difíciles y hasta desesperadas. Están por lo general desarticuladas entre sí: no brotan como expresión de un movimiento colectivo y organizado, pero esto mismo revela su carácter: se enmarcan en una situación radical, en ese despertar colectivo en que personas de las más diversas características coinciden en una toma de común de conciencia y logran por sí mismas encontrar respuestas que tienen un denominador común: su carácter no capitalista. Hay en ellas, con toda claridad, eficaces respuestas a la doble enajenación de las relaciones capitalistas de producción: la de los frutos del trabajo y la de la propia actividad creadora. Son también reacciones heréticas a la religión del dinero.</p>
<p><strong>El despertar en la calle</strong></p>
<p>Han tenido gran visibilidad múltiples manifestaciones del despertar colectivo que actualmente recorre el mundo. La primavera árabe, el asalto a las plazas públicas que se extiende por todas partes, la erupción masiva tan intensa como la represión violenta que intenta apagarla, la marcha tenaz que todo lo desafía… Aunque lo reflejan y expresan, no debemos confundirlas con él.</p>
<p>Las movilizaciones que tomaron por sorpresa a los poderes constituidos lo mismo que a los ciudadanos y los partidos son iniciativas valerosas y coherentes que desafían, a veces en forma espectacular, el comportamiento normalizado, previsible y predecible que se nos ha estado imponiendo.  “Mis sueños no caben tus urnas”, dijeron en Plaza del Sol. “Tener demandas sería pensar que allá arriba hay alguien que las pueda atender”, dijeron en la Plaza de la Libertad en Wall Street; “y eso es, exactamente, lo que ya no creemos”. Es ésta la novedad, lo que revela el carácter de estas acciones multitudinarias.</p>
<p>Los que se presentan a sí mismos como meros gestores de la crisis, que sólo pueden dar cierto cauce a fuerzas que los rebasan y los preceden; los que se lavan continuamente las manos por medidas no sólo impopulares sino antipopulares  pues según ellos no tienen más remedio que aplicarlas; los que exigen continuamente “obediencia debida” a decisiones que no deben ser cuestionadas y por ello criminalizan toda disidencia; los que así instalan lo que Hannah Arendt llamó “gobierno de nadie”, una de las formas más crueles y tiránicas de gobierno porque nadie aparece como auténtico autor de las acciones y de los acontecimientos y todos actúan como meros engranajes de una maquinaria total de la que nadie está a cargo;todos estos “poderes” predican, generalizan y arraigan formas de comportamiento  homogéneas, atrapadas en la norma, sujetas a las disposiciones del mercado y del estado, configuradas y moldeadas desde arriba, que son condición para que la maquinaria pueda seguir funcionando. Se trata, como ha recordado Amador Fernández-Savater (through Europe, 06/12/11), de que interioricemos esos automatismos impuestos para que hagamos lo que debemos hacer, veamos lo que tenemos que ver, digamos lo que hay que decir y pensemos lo que está prescrito pensar, es decir, que seamos interna y externamente lo que esos poderes establecen. Es esa, muy claramente, la actitud que nos llevó a las catástrofes actuales.</p>
<p>Lo que hemos estado viendo a lo largo de 2011 encaja bien en lo que la propia Hannah Arendt llamaba “la acción”, cuando la gente, los cualquieras, los hombres y mujeres ordinarios, personas sin líderes y en general sin partidos o ideologías específicas, desafían radicalmente aquellos automatismos, se unen a sus iguales, resisten cuanto significa obedecer y repetir, salen de su aislamiento e impotencia y empiezan algo nuevo. Estas iniciativas, subraya Fernández-Savater, “no confían el mando a los que saben, sino que parten del principio de que todos podemos pensar; no tienen rostro, pero precisamente para que quepan todos y cada uno de los rostros singulares; no gestionan lo que hay, sino que inventan colectivamente nuevas respuestas para problemas comunes. Pluralidad, invención, pensamiento: así es la danza de los nadie contra el Gobierno de Nadie”.</p>
<p>Y aquí, en esta actitud radical que se extiende por todas partes, parece inevitable recordar el momento en que se nos dijo, con toda claridad: “Detrás de nosotros estamos ustedes”…</p>
<p>“Sobrepasando las barricadas de la resistencia y de la autodefensa, las fuerzas vivas del mundo entero se despiertan de un largo sueño”, ha comentado Raoul Vaneighem. “Su ofensiva, irresistible y pacífica, barrerá todos los obstáculos levantados contra el deseo de vivir que alimentan aquellos que, innombrables, nacen y renacen cada día. La violencia de un mundo por crear va a suplantar la violencia de un mundo que se destruye”.</p>
<p>Para apuntalar su esperanza Vaneighem menciona a los zapatistas, que  “han emprendido la resistencia contra todos las formas de poder organizándose ellos mismos y practicando la autonomía. Estos ‘sin rostro’, que tienen la cara de todos, están a punto de devolver a la humanidad su verdadera faz,” porque “en la crisis de nuestras democracias parlamentarias corroídas por la corrupción en todos los sitios y manipuladas también en todos los sitios por las empresas multinacionales” inventan una sociedad que libera “la vida cotidiana de la empresa económica en la que se encuentra reducida a un objeto de transacción mercantil”, o sea, libera la vida cotidiana de la prisión capitalista. (L’État n’est plus rien, soyons tout, 2010; hay traducción de Raúl Ornelas).</p>
<p><strong>El despertar en la cabeza</strong></p>
<p>El despertar colectivo actual está generando nuevos centros de producción de conocimiento fuera de los centros de investigación públicos o privados y de las instituciones universitarias convencionales. Se gestan en ellos nuevas tecnologías, basadas en innovaciones teóricas significativas, que reformulan la percepción del mundo e introducen nuevas metodologías para interactuar con él que cuestionan  los paradigmas dominantes. Como sugería Foucault, ahí se fortalece y profundiza la insurrección de los saberes sometidos: se recuperan los contenidos históricos que habían sido enterrados o enmascarados dentro de coherencias funcionales y sistematizaciones formales; se revalora el saber que fue descalificado porque se le consideró incompetente, insuficientemente elaborado, ingenuo y jerárquicamente inferior al científico, un saber específico, local, regional, diferenciado; y se yuxtaponen y combinan saberes eruditos con memorias locales, para formar un saber histórico de lucha, lo que exige demoler la tiranía de los discursos globalizantes, con su jerarquía y con los privilegios que se derivan de la clasificación científica del conocimiento, que tiene efectos intrínsecos de poder.</p>
<p>La empresa autónoma de pensar, el desafío radical a la producción institucional de los enunciados con los cuales gobernamos nuestro comportamiento, ha estado tomando diversos nombres, que intentan ir más allá de la investigación convencional, incluso en su forma de investigación participativa. Se le llama reflexión en la acción o investigación militante o insurgente y aparece por todas partes, lo mismo en el Colectivo Situaciones, de Argentina, que en la Universidad de la Tierra en California o en el corazón de Italia. Se trata de un fenómeno realmente general que se ajusta bien al estado de cosas, cuando las formas de pensar dominantes ya no son útiles para entender lo que pasa y mucho menos para construir el mundo nuevo.</p>
<p><strong>Articular la rebeldía</strong></p>
<p>La guerra civil y el control delincuencial de la realidad social, que en muchos puntos de la geografía nacional hace ya imposible una vida cotidiana normal, ya no digamos una elección, está ampliándose e intensificándose. Es posible que su extensión a todo el territorio constituya la perspectiva más realista. Va tomando forma la hipótesis de que el gobierno no tiene real interés en detenerla. Al contrario. Como se dice en Honduras, tiene miedo de que la gente esté perdiendo el miedo. De la misma manera que en localidades específicas la gente prefiere abiertamente el control oprobioso del ejército al de los delincuentes, el gobierno podría estar esperando que ese sentimiento se hiciera general para dar base social a la decisión de consolidar legalmente el estado de excepción no declarado en que ahora vivimos a fin de profundizar la represión y detener las iniciativas populares.</p>
<p>Aquí mismo, en su intervención en el Primer Seminario Internacional (diciembre 2009-enero 2010), Javier Sicilia señaló que “las crisis que vivimos… nos colocan en estado de revolución, es decir, en la necesidad de un cambio profundo.” Advirtió que se trata de una revolución de naturaleza distinta a las que conocemos y recordamos, porque la idea misma de revolución que viene del pasado se ha vuelto inviable. La nueva revolución, para Sicilia, que sigue estando en la entraña del zapatismo, apenas ha sido entendida. Y éste es el desafío actual: un desafío a la comprensión y a la imaginación, a partir del reconocimiento explícito de que el cambio vendrá de abajo, de la propia gente, porque así es como los verdaderos cambios se producen. Esa revolución es un arte y exige reconocer en la gente, en los hombres y mujeres ordinarios, a los artistas capaces de darle forma y fondo a la creación nueva.</p>
<p>Nadie sabe cómo hacer una revolución. No es algo que alguien pueda proponerse y pueda someterse a un plan. Pero no podemos seguir a la expectativa. Estamos realmente ante una emergencia nacional y sabemos bien que las clases políticas no se atreverán a declararla. Hacerlo mostraría su inutilidad y su complicidad con ella: no supieron preverla, han contribuido a crearla y no saben cómo enfrentarla.</p>
<p>Necesitamos declarar nosotros mismos la emergencia nacional y  concertar la acción consiguiente.</p>
<p>Nuestra declaración se apoyaría el despertar colectivo en que nos encontramos. No estaría en el vacío. Podría mostrarse que, contra lo que piensa Zibechi, se ha estado construyendo, desde abajo y a la izquierda, un “imaginario alternativo a las urnas o a la toma del palacio” para vencer al capital por vías que no son electorales ni violentas. Revelaría que se han estado generando hipótesis y teorías con suelo social y político que permiten reconocer el carácter opresor de las urnas y de las insurrecciones armadas y formulan opciones. El nuevo imaginario, que toma formas cada vez más claras, acota con precisión el camino. Hemos aprendido ya a prescindir de la construcción de tierras prometidas, visiones alternativas de la sociedad en conjunto, proyectos alternativos de nación… Identificamos en todas esas fórmulas ilusiones útiles para la manipulación y el control, no para la acción auténticamente transformadora. Confiamos ahora en que la propia gente, desde sus ámbitos propios, en sus asambleas y foros, desde la diversidad, podrá imaginar y construir uno por uno los ingredientes del mundo nuevo, que como siempre surgirá del vientre de la sociedad que muere.</p>
<p>Dice Zibechi que “no hemos puesto en pie economías autosustentables, capaces de sostener la vida y de entusiasmar a los de abajo a dedicar todas sus energías a esas tareas”. Por eso piensa que si llegamos a triunfar contra el capital no sabremos con qué sustituir el capitalismo, porque sólo disponemos de fórmulas ya fracasadas. He tratado de mostrar lo contrario. He mencionado ejemplos de las maneras en que millones de personas han estado organizando economías capaces de sostener la vida, conscientes de que si no lo hacen están condenadas a la extinción. Iniciativas como las de la agricultura urbana, la defensa del territorio, las formas alternativas de aprender, de sanar y habitar, las modalidades de policía comunitaria que apuntalan una noción propia de seguridad, las iniciativas que recomponen eficazmente el tejido social en barrios y comunidades, las capacidades redescubiertas de pensar por uno mismo, todas ellas de carácter no capitalista, no son actos marginales o de pequeñas sectas disidentes. Son iniciativas que lejos de obedecer y repetir los automatismos impuestos, buscando opciones de supervivencia en el mercado o en el Estado, reivindican las maneras del buen vivir y demuestran que a pesar de todas las restricciones, con todo en contra, la gente puede recuperar paso a paso sus propios medios de subsistencia y su capacidad creadora, rompiendo el aislamiento y la impotencia.</p>
<p>Declarar la emergencia nacional  no operaría en el vacío. Podría ilustrar de mil maneras distintas cómo podemos, en cualquier parte en que nos encontremos, en cualquiera de nuestros contextos y posiciones, desgarrar los tejidos autoritarios en que se nos ha mantenido y emprender la acción liberadora. De esta manera, la declaratoria serviría ante todo para evitar la trampa de pensar que el mero recambio de dirigentes permitirá enfrentar las dificultades actuales y que alguno de ellos tiene en sus manos las recetas que permitirán remontarlas. Es una trampa en que pueden haber caído ya millones de mexicanos, convencidos acaso de que no hay otra opción.</p>
<p>La declaratoria serviría también para mostrar que no hace falta forjar un consenso previo entre los ciudadanos para que se afilien con algún candidato, o bien opten por votar en blanco o abstenerse. Podría poner en perspectiva la elección misma y sacar la atención de las campañas, mostrando su radical irrelevancia para todo lo que importa.</p>
<p>El nosotros que necesita declarar el estado de emergencia y hacerle frente es todavía tenue, vago, desarticulado… No tiene un perfil claro. Esto corresponde en parte a las nuevas formas del protagonismo social, porque el sujeto de la transformación, el que está tomando en sus manos la iniciativa, no adopta las formas tradicionales de las organizaciones de clase y las estructuras partidarias. Eso no significa que se carezca de organización: existe en la base social y en estos años se ha estado fortaleciendo, ante las dificultades del día y las agresiones permanentes. Con infinidad de nombres: foros, coaliciones, coordinadoras, espacios, congresos, alianzas…a partir de las simples organizaciones de barrio, de comunidad, de pueblo, se han multiplicado las formas organizativas que ya entran en disputa con las mafias y bandas políticas y económicas, legales e ilegales, que intentan controlar todos los territorios.</p>
<p>Declarar desde ellas y con ellas la emergencia nacional sería una forma de articular esas múltiples iniciativas en un empeño común que ha de eludir cuidadosamente el carácter de una revuelta. No sería un estallido repentino, que puede dejar huellas duraderas, como la lava de un volcán, pero que desaparece con la misma rapidez con que surgió; no podría verse siquiera como la erupción simultánea de volcanes adormecidos. Tampoco sería análoga a episodios como los que se convierten en símbolos de una transformación duradera, como la toma de la Bastilla, el Palacio de Invierno o el grito de Miguel Hidalgo.</p>
<p>Necesitamos una rebelión – el tipo de gesta que constituye la sustancia de toda auténtica revolución. Se trata de que los humillados y ofendidos, los que hemos estado continuamente dominados por un sistema opresor que nos ha estado despojando de todo lo nuestro y que en estos años amenaza lo que nos queda, dignidad y tejido social, se trata de que todos ellos irrumpan en el acontecer político de la dominación.</p>
<p>Parece que estamos listos para esta rebelión novedosa porque se comparte cada vez más la convicción, basada en la experiencia de todas las luchas anteriores, de que no podemos ceder la fuerza, el mando, la capacidad de conducir la transformación. Ya no estamos dispuestos a delegar todas nuestras capacidades en un grupo de dirigentes, incluso los emanados de nuestras propias filas, para que den forma al nuevo marco legal e institucional que acotará el nuevo estado de cosas. Para no repetir la experiencia histórica, en que una y otra vez se nos expropia lo conseguido, buscamos hoy mantener el control del proceso. Hemos estado aprendiendo a hacerlo en asambleas y parlamentos de coaliciones cada vez más amplias, en que se logran acuerdos entre quienes acuden con representación temporal y sujeta a mandatos precisos, siempre expuestos a la revalidación de los representados. Nada de esto, que requiere imaginación y creatividad sociológica y política, tiene que ser decidido de antemano. Surgirá en el propio proceso, cuando se requiera.</p>
<p>Las iniciativas en pequeña escala que he estado mencionando son claro anticipo de la sociedad por venir, pero tienen que realizarse a contrapelo de un sistema agresivo y hostil que los acosa continuamente y les causa grave desgaste. Hace falta el levantamiento – un levantamiento que opere por contagio (como ha sido siempre con el zapatismo), más que por concertación estratégica clandestina desde las dirigencias. Es cierto que pelear es abominable, pero no debe causar tristeza entregarnos a esta militancia. Al conectar nuestros deseos con la realidad, entretejiendo rabias y descontentos en la acción, en vez de retirarlas a las formas de la representación teórica o política, les daremos cabal fuerza revolucionaria (Foucault, 1983, p. xiii).</p>
<p>Declarar la emergencia nacional y actuar en consecuencia, es decir, abandonar las reacciones “normales” y normalizadas, como si fuera posible esperar que cayera de algún cielo político el cambio que necesitamos con urgencia, puede constituir un acto revolucionario, porque establecería una nueva posibilidad: se habrían transgredido fronteras culturales para abrir un nuevo camino que no parecía posible.</p>
<p>Los días de furia en las calles y en las plazas, lo mismo que las acciones calladas en las casas y en los patios, siguen las gradaciones de la revuelta y la rebelión. A través de ellas se va mostrando un tipo de contagio revolucionario que se realiza sin la Bastilla o el Palacio de Invierno y carece de Zapatas, Villas, Carranzas y Obregones. Existe como iniciativa de la propia gente, de hombres y mujeres ordinarios, de la gente común…los insumisos, los rebeldes, los soñadores, que saben bien cuál es el calendario y la geografía apropiados para su acción. Ejercen así su poder, que en esas condiciones se llama dignidad.</p>
<p>Desde el vientre de una sociedad destrozada, bajo amenazas insoportables, está naciendo ya la nueva. Nace para evitar el horror que nos acosa y agobia y para contener los males en curso. Nace también para iniciar un nuevo camino de transformación y regeneración.</p>
<p>Declarar la emergencia nacional, desde nosotros mismos, le dará visibilidad y dinamismo a esa nueva sociedad, hará posible concertar el empeño y así podremos ponernos en marcha con la urgencia que hace falta.</p>
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		<title>La lucha en contra del trabajo asalariado y por los medios de producción</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Jan 2012 01:38:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlosmarentes</dc:creator>
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		<description><![CDATA[(Texto de la presentación durante el 2º Seminario Internacional de Reflexión y Análisis “…Planeta Tierra: Movimientos Antisistémicos…” en CIDECI – Unitierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 2 de enero del 2012) Carlos Marentes Me gustaría empezar con un saludo fraternal a las zapatistas y a los zapatistas de Chiapas y del mundo. Y con [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=carlos-marentes.com&amp;blog=7414853&amp;post=513&amp;subd=carlosmarentes&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_537" class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><a href="http://carlosmarentes.files.wordpress.com/2012/01/produccion-morelia-8h.jpg"><img src="http://carlosmarentes.files.wordpress.com/2012/01/produccion-morelia-8h.jpg?w=500&#038;h=363" alt="" title="produccion-morelia-8h" width="500" height="363" class="size-full wp-image-537" /></a><p class="wp-caption-text">Mural en la casa de la JBG de Morelia. Foto de Carlos Marentes. Enero 3, 2012.</p></div>
<p>(Texto de la presentación durante el 2º Seminario Internacional de Reflexión y Análisis “…Planeta Tierra: Movimientos Antisistémicos…” en CIDECI – Unitierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 2 de enero del 2012)</p>
<p><strong>Carlos Marentes</strong></p>
<p>Me gustaría empezar con un saludo fraternal a las zapatistas y a los zapatistas de Chiapas y del mundo. Y con este saludo fraternal, expresar también las más sinceras felicitaciones a las bases de apoyo y al Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en el 18 aniversario del levantamiento zapatista en contra de la injusticia y el olvido. Al EZLN le decimos que 18 años después, su lucha y su resistencia siguen siendo el acto más poderoso de inspiración a nuestras luchas y al fortalecimiento de la certeza de que allá, en el horizonte, está la salida a este sistema opresivo y de explotación.</p>
<p><span id="more-513"></span><br />
En El Paso, Texas, cruzando Ciudad Juárez, Chihuahua, se encuentra el Centro de los Trabajadores Fronterizos, donde se lleva a cabo un trabajo que tiene dos lados. Por un lado, se apoya a los trabajadores agrícolas de esa región fronteriza a resolver los efectos de opresión, discriminación y pobreza que padecen en sus sitios de trabajo y en sus comunidades de origen. Y por el otro lado, se intenta organizarlos para que reconozcan sus intereses de clase y puedan actuar colectivamente para intentar cambiar las causas de esa opresión, discriminación y pobreza, a través del Proyecto de los Trabajadores Agrícolas Fronterizos.</p>
<p>El esfuerzo se centra en los miles de trabajadores agrícolas migrantes que laboran en los campos agrícolas de Nuevo México y Texas, en las cosechas de chile, cebolla, nuez y otros cultivos. Estos trabajadores y trabajadoras reciben salarios tan bajos, a pesar del trabajo tan agobiante que llevan a cabo, que actualmente son los más pobres de los pobres en los Estados Unidos.(1)</p>
<p>Pero además, sufren todo tipo de problemas así como la negación a derechos y beneficios de los cuales sí gozan otros sectores de la fuerza laboral norteamericana. A pesar de la enorme contribución a la prosperidad de la agricultura de la región fronteriza, en el caso de la cosecha de chile del sur de Nuevo México son quienes levantan una cosecha con un valor de casi 60 millones de dólares, no se benefician de esa prosperidad. El promedio de ganancia de la agricultura ha sido de 667 millones de dólares, sobre los últimos ocho años, pero tres de cada cinco trabajadores del campo no tienen un lugar donde vivir, así que la mayoría son clasificados como “homeless”, como gente sin techo. Además, no tienen acceso a servicios de salud y sus hijos no pueden darse el lujo de soñar en una educación. </p>
<p>Para complicar su situación, en los últimos tiempos se ha incrementado la mecanización de la producción agrícola y la utilización de nuevas tecnologías provocándose un fuerte y creciente desempleo. La consecuencia es una competencia doble que beneficia a la industria. Los trabajadores compiten entre ellos mismos por los trabajos disponibles pero además, aquellos que consiguen esos trabajos, compiten con las máquinas. El resultado: Más bajos salarios, un empeoramiento de las condiciones de trabajo en los campos y la intensificación del trabajo a niveles cada vez más inhumanos. </p>
<p>La respuesta ha sido la organización de los trabajadores agrícolas fronterizos para las acciones colectivas en contra de esta situación de opresión y tan altos niveles de explotación. </p>
<p>El esfuerzo para organizar a estos trabajadores se inició formalmente en febrero de 1983 y en todos estos años, se han perdido y se han ganado batallas. Muy recientemente, a principios del mes de diciembre pasado, se ganó una demanda en contra del estado de Nuevo México, por la exclusión de la mano de obra de los campos y los ranchos, del sistema estatal de seguro de compensación de trabajo, que protege en caso de accidentes o enfermedades laborales. </p>
<p>Así mismo, se han obtenido aumentos de los salarios a través de los paros de labores, lo cual es significativo si tomamos en cuenta que los trabajadores agrícolas no tienen el derecho a organizarse, a los derechos de negociación colectiva, como el resto de la clase trabajadora norteamericana. Precisamente, esta falta del derecho a la organización ha sido la principal causa de las batallas perdidas en los campos de Nuevo México y el oeste de Texas.(2)</p>
<p>Desde hace tiempo, en el Proyecto de los Trabajadores Agrícolas Fronterizos se reconocieron los límites de la lucha gremial y de la necesidad de saber claramente cuales son las fuerzas en contra de las cuales se lucha. Se reconoció que al mismo tiempo de que se llevaban las luchas reivindicativas inmediatas, se tenía que ir más allá. Fue así como se analizó ese poder de opresión y explotación que se tiene que combatir para pasar de lidiar solamente con los efectos y poder enfrentar las causas. </p>
<p>***</p>
<p>Esa fuerza que los trabajadores agrícolas enfrentan es el proceso de producción y consumo de la agricultura comercial-industrial que es uno de los más terribles rasgos del capitalismo salvaje. Este proceso de producción y consumo, con sus millares de millones de dólares de ganancias y su impacto tan destructivo y opresivo contra la vida humana y la naturaleza, es la columna vertebral de la crisis multidimensional del sistema: el hambre, el cambio climático, la migración forzada e involuntaria, la creciente brecha entre el poder urbano y la comunidad rural, etc., que hoy en día, sin lugar a dudas, son la más grande amenaza a la humanidad.</p>
<p>Los cuatro rasgos más claros del modelo de producción y de consumo de la agricultura comercial-industrial, son:</p>
<p>1. El aspecto central de este proceso productivo es la explotación de los trabajadores agrícolas migrantes. Estos trabajadores agrícolas migrantes son los campesinos arruinados que tienen que abandonar su tierra para cruzar la frontera, desesperadamente, para trabajar en los campos agrícolas de los Estados Unidos. Paradójicamente, una buena parte de los productos agrícolas y alimenticios que van a producir, serán importados o “dompeados” a su propio país para arruinar más economías campesinas y provocar más desplazamiento y migración. </p>
<p>2. La producción masiva a gran escala para cumplir con el mandato de las leyes del mercado para lograr la “competitividad”, lo cual se convierte además en una ofensiva en contra de la producción campesina y el consiguiente desplazamiento de los campesinos, la producción local y familiar y la bancarrota moral y económica de las comunidades rurales.</p>
<p>3. La constante expansión de esta forma de producción que provoca un terrible impacto a la naturaleza, particularmente al suelo y al agua, que además provoca una concentración de la tierra por medio del acaparamiento y el despojo. Se trata entonces, de un proceso productivo que también intensifica la explotación de los recursos naturales.</p>
<p>4. El objetivo de este modo de producción de la agricultura comercial-industrial no es el de satisfacer la más vital de todas las necesidades humanas: La alimentación. La comida es lo que nos mantiene vivos, saludables y felices y nos ayuda a mantener nuestra humanidad. La comida es un elemento sagrado porque es un regalo de la Madre Tierra. Es nuestro origen, nuestra historia y nuestra cultura. Pero bajo este sistema, la comida solamente es una mercancía, un producto comercial que genera ganancias. No se trata de satisfacer las necesidades alimenticias de la población y de abatir el hambre. La necesidad alimenticia y el hambre son precisamente el negocio. Esto explica porque tenemos mil millones de personas que sufren hambre en el mundo.</p>
<p>***</p>
<p>Con el tiempo, hemos entendido que la lucha gremial, la confrontación directa contra los grandes agricultores y los agronegocios, era importante y necesaria y tiene que ser permanente, pero que así nunca se lograrán cambios más profundos y, que además, un movimiento solo los pueda lograr. Fue así como en 2004, el Proyecto de los Trabajadores Agrícolas Fronterizos se incorporó a La Vía Campesina para incluir su lucha a las luchas por la soberanía alimentaria, a la lucha por empujar desde abajo la alternativa al modelo de la agricultura comercial-industrial. </p>
<p>Con el tiempo además, a la vez que se construyen los procesos de la soberanía alimentaria, se reconoce que esta es una batalla en contra del sistema que demanda la construcción de aliados con otros movimientos que también luchan contra el sistema, de coordinaciones a todos los niveles, de intercambios de tácticas y experiencias de luchas y resistencias.</p>
<p>También se ha platicado durante algún tiempo sobre algunas consideraciones necesarias para la lucha para cambiar el sistema. Se tiene que tocar, entonces, la cuestión económica, más precisamente la base económica del sistema. En este sentido se entiende que hay que abordar la crisis sistémica. Es claro que el sistema no se va a derrumbar solo porque hay una crisis económica, por más profunda que ésta sea. Y se entiende así por que mientras haya plusvalía, mientras no pare la acumulación de capital, pensando en los capitalistas en su conjunto, éstos encuentran las forma del protegerlo y de hacerle los ajustes necesarios para su recomposición. Por eso escuchamos cada vez con más insistencia la convocatoria a un supuesto capitalismo verde, que no es más que un nuevo engaño.</p>
<p>Ahora vemos que hay una separación del capital financiero del capital productivo. Nos recordaba el compañero Jean Robert, en su presentación de “La potencia de los pobres”, esa entrada en El Capital donde el capitalismo, la sociedad capitalista se nos presenta como un montón de mercancías. Pues bien, en la actualidad hay 30 veces más dinero que mercancías.</p>
<p>De hecho, la importancia del movimiento “occupy” radica en que, por primera vez, la indignación de las masas se lanzó en contra de Wall Street, es decir en contra del capital financiero que si bien no es el corazón del sistema capitalista, sí es su cerebro. Es ese perverso poder que ha tejido una gran alianza con el capital productivo, o sean las corporaciones transnacionales, con los estados y las oligarquías nacionales para proteger al sistema y sostener la rentabilidad para la acumulación.</p>
<p>La preponderancia del capital financiero bajo este esquema, sirve para explicarnos el funcionamiento cada vez más brutal y destructivo del sistema. Pero además, nos confirma que la fuente de la riqueza en manos de esa clase capitalista, que los movimientos de “occupy” llaman el uno por ciento, sigue siendo la capacidad productiva del ser humano y la naturaleza. </p>
<p>Entonces, la lucha antisistema debe de encargarse de dos cuestiones claves del capitalismo si efectivamente se busca un cambio verdadero: El trabajo asalariado y el control de los medios de producción.</p>
<p>Tocante a la primera de las dos cuestiones, es importante recordar lo que Marx y Engels escribieron en el frío diciembre de 1847:</p>
<p><em><strong>“La condición esencial de la existencia y de la dominación de la clase burguesa es la acumulación de la riqueza en manos particulares, la formación y el acrecentamiento del capital. La condición de existencia del capital es el trabajo asalariado…”</strong></em> (3)</p>
<p>El control de los medios de producción es en estos momentos no solamente lo que puede decidir la sobrevivencia o la anulación del trabajo asalariado, sino que además, la continua destrucción ambiental, la amenaza que se cierne sobre el planeta Tierra, tendrá su desenlace en el hecho de quién controla los medios de producción. </p>
<p>Es tiempo de que los movimientos antisistémicos deberían considerar seriamente si acaso la disputa en contra del trabajo asalariado y por el control de los medios de producción, principalmente la tierra y los recursos naturales, debería ser una parte medular de la lucha anticapitalista.</p>
<p>***</p>
<p>(1) <em>Los trabajadores del campo y los ranchos de Nuevo México ganan en promedio entre $6,000 y $7,000 (dólares) anuales y de acuerdo al Departamento de Agricultura de los Estados Unidos los trabajadores agrícolas son “los más pobres de todos los todos los trabajadores pobres”. Datos y cita tomada de la decisión legal adoptada por una corte de Nuevo México, en la demanda contra la exclusión de los trabajadores del campo y los ranchos de los beneficios del sistema estatal de compensación de trabajo en caso de accidente o muerte en el trabajo, a fines del año pasado. Opinion and Order, Second Judicial District Court, County of Bernalillo, New Mexico, December 9, 2011.<br />
</em><br />
(2) <em>La ley Nacional de Relaciones Laborales (NLRA) también conocida como la Ley Warner (Warner Act) fue aprobada en 1935 para darle a los trabajadores norteamericanos el derecho a negociar colectivamente los salarios, las horas de trabajo y otros términos y condiciones de empleo. Aunque dicha ley supuestamente aplicaba para “los empleados” en general, la ley misma y las reformas siguientes excluyeron específicamente a varios sectores de la fuerza laboral incluyendo a los trabajadores agrícolas, domésticos y públicos. Véase un interesante informe en esta dirección: </em><a href="http://www.americanrightsatwork.org/dmdocuments/ARAWReports/havesandhavenots_nlracoverage.pdf">Americans at Work</a></p>
<p>(3) <em>Manifiesto del Partido Comunista. Obras Escogidas de C. Marx y F. Engels. Editorial Progreso.</em></p>
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		<title>El movimiento de los indignados empezó en la Lacandona</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Jan 2012 05:00:49 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Pablo González Casanova Si pensamos en el conocimiento y la acción de un movimiento mundial como el de los indignados, pronto advertimos que hay problemas teóricos y prácticos considerablemente distintos a los que se plantean en la academia, en los partidos y los gobiernos. Afortunadamente tenemos la posibilidad de enriquecer nuestro conocimiento con las preguntas [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=carlos-marentes.com&amp;blog=7414853&amp;post=507&amp;subd=carlosmarentes&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_508" class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><a href="http://carlosmarentes.files.wordpress.com/2012/01/neozapatistas-7.jpg"><img src="http://carlosmarentes.files.wordpress.com/2012/01/neozapatistas-7.jpg?w=500&#038;h=285" alt="Mural Zapatista" title="neozapatistas-7" width="500" height="285" class="size-full wp-image-508" /></a><p class="wp-caption-text">Mural en el caracol de Morelia. Foto de Carlos Marentes, 3 de enero 2012.</p></div>
<p><strong>Pablo González Casanova</strong></p>
<p>Si pensamos en el conocimiento y la acción de un movimiento mundial como el de los indignados, pronto advertimos que hay problemas teóricos y prácticos considerablemente distintos a los que se plantean en la academia, en los partidos y los gobiernos. Afortunadamente tenemos la posibilidad de enriquecer nuestro conocimiento con las preguntas que los pueblos se hacen y con las respuestas que se dan.</p>
<p><span id="more-507"></span><br />
Teorías y prácticas que vienen “de abajo y a la izquierda” tienen la originalidad de criticar al poder cuando éste se siente distinto de la sociedad y cuando se separa de la sociedad.</p>
<p>Los nuevos movimientos del pueblo plantean una democracia que corresponda a las decisiones del pueblo, y que en caso de que se separe del pueblo dejará de ser democracia.</p>
<p>Depauperados y excluidos, indignados y ocupas formulan teorías que contienen un gran respaldo empírico. Se trata de explicaciones y generalizaciones basadas en gran cantidad de experiencias. Se trata de conocimientos, de artes y técnicas que corresponden al saber y al hacer de los pueblos, ese saber que tanto exaltara el antropólogo Andrés Aubry, y en que aparece, en vez del yo individualista, el nosotros tojolabal que Carlos Lenkersdorf rescatara para la filosofía de la solidaridad humana.</p>
<p>Teorías y prácticas tienen mucho de particular y también de universal&#8230; Y no exagero. Pensemos en la inmensa movilización de los indignados y los ocupas que luchan por otro mundo posible. Hoy –escriben admirados dos profesores ingleses–, la movilización es gigantesca. Nunca se había dado una de esa magnitud, y toda la movilización “empezó (añaden) en las junglas de Chiapas con principios de inclusión y de diálogo”.</p>
<p>Vemos así que “desde abajo y a la izquierda” y desde las selvas tropicales surge un movimiento que no sólo lucha por defender los derechos de los pueblos indios, sino por la emancipación de los seres humanos.</p>
<p>Y ese movimiento universal, en medio de sus diferencias, vive problemas parecidos. Es más, encuentra soluciones parecidas para la creación de otro mundo y de otra cultura necesaria, a la que los pueblos de los Andes expresan como el bien vivir, “en que el vivir bien de unos no dependa del mal vivir de otros”.</p>
<p>A esas aportaciones que de los indios de América vienen se añaden muchas más que corresponden a las experiencias de múltiples culturas e historias y que crean la historia universal de la lucha por la libertad, por la justicia y por la democracia, lema que levantó el movimiento zapatista y que anda por el mundo entero no como eco sino como las voces de un pensar y querer parecido.</p>
<p>Y allí están las juventudes griegas que luchan contra el tributo de la deuda externa, están los movimientos de la primavera árabe a quienes los militares no pueden transar, están las asambleas de los indignados españoles que articulan intereses vitales que el sistema no puede satisfacer, están los jóvenes estadunidenses que ocupan Wall Street como centro del poder corporativo contra el que todos luchamos, a los jóvenes chilenos que dan su vida para que no les quiten sus escuelas y universidades.</p>
<p>En todas las movilizaciones hay mucho de común. Todas o casi todas coinciden con “lo incluyente” y con “lo dialogal”, y un número cada vez mayor, con la idea de que el capitalismo corporativo es el origen de todos los problemas que afectan y amenazan a la humanidad.</p>
<p>Coinciden también en que la solución es esa democracia de todos para todos y con todos que no se delega, y que algunos llaman socialismo democrático y socialismo del siglo XXI y otros nomás democracia, y que es eso, y mucho más, pues es una nueva forma de relacionarse con la tierra y con los seres humanos&#8230; una nueva forma de organizar la vida.</p>
<p>Y es en medio de la riqueza y novedad de esta movilización mundial como se captan una serie de reflexiones que vienen de abajo y a la izquierda y cuya respuesta busca el triunfo de los indignados y de los pobres de la tierra.</p>
<p>La riqueza de las reflexiones y llamados es enorme y exige la atención la profundización de algunos que enuncio escuetamente y en los que debemos trabajar más:</p>
<p>1. El llamado a perder el miedo antes que nada, que el movimiento zapatista destacó como un requisito para pensar y actuar.</p>
<p>2. El no pensar sólo en “qué hacer” sino en “cómo lo hacemos”.</p>
<p>3. El precisar con quiénes –lo hacemos– en las distintas circunstancias.</p>
<p>4. El aclarar nuestras diferencias internas con un nuevo estilo de discutir y acordar.</p>
<p>5. El rechazar terminantemente la lógica de la caridad. Y también la lógica del paternalismo, pues ambas ocultan la manipulación. Caridad y paternalismo son la cara buena de la cultura autoritaria.</p>
<p>6. Combinar la lucha por los derechos de los pueblos, los trabajadores y los ciudadanos con la lucha por la construcción de una sociedad alternativa en que los colectivos de los buenos gobiernos practiquen el “mandar obedeciendo”. Precisar con ejemplos en qué consiste la práctica del mandar obedeciendo.</p>
<p>7. Dar los pasos necesarios para que el proyecto emancipador sea realmente incluyente, y dé lugar a un trato respetuoso de las diferencias de raza, sexo, edad, preferencia sexual, religión, ideología y nivel educativo.</p>
<p>8. Redefinir los conceptos de la libertad, la igualdad, la fraternidad, la justicia, la democracia&#8230; Redefinirlos en la vida cotidiana, en el aquí y el ahora.</p>
<p>9. Aclarar que las redes no son sólo redes informáticas. Aclarar que se han organizado y se van a organizar redes de colectivos y de sistemas de colectivos que permitan el predominio de las organizaciones horizontales sobre el mercado y el Estado, que estimulen la cooperación y la solidaridad frente al individualismo del mercado, y en que los encargados manden obedeciendo los lineamientos que las organizaciones horizontales les den y no se sientan ni un minuto por encima de ellas. Al mismo tiempo crear organizaciones centralizadas y descentralizadas, como el EZLN, o como las policías de los pueblos del sureste y como las autonomías municipales.</p>
<p>10. Profundizar y promover los sistemas solidarios y cooperativos con flujos e intercambios que acerquen la producción, el consumo y los servicios, por ejemplo, la educación, salud, seguridad social.</p>
<p>11. Actualizar constantemente los conocimientos sobre las contradicciones en los propios movimientos emancipadores, y no sólo sobre las contradicciones externas.</p>
<p>12. Fomentar el respeto a la dignidad y a la identidad de personas y pueblos, sin caer en el individualismo o el aldeanismo, y antes cultivando la emancipación universal.</p>
<p>13. Combatir el maniqueísmo, y retomar el tipo de discusiones que invocan a los clásicos para comprender el aquí y el ahora, e incluir sus narrativas y reflexiones en la memoria creadora de nuestras generalizaciones.</p>
<p>14. Reconocer que en todos los grandes movimientos los pueblos –con una razón de enorme peso– no se inclinan por una revolución violenta, sino por la ocupación pacífica y multitudinaria de la sociedad y de la tierra.</p>
<p>15. Pensar que 99 por ciento de la humanidad va a ganar esta lucha y que de su triunfo y de la sociedad que construya dependerá la creación ecológica de un sistema terrestre sostenible, capaz de satisfacer las demandas vitales de una población creciente que hoy sufre hambre y frío por cientos de millones, y capaz de impedir que continúe un sistema económico-político en que la industria de guerra es el motor principal de la economía.</p>
<p>16. Plantear cómo se lucha y gana pacíficamente en una guerra de “espectro amplio” como la diseñada por el Pentágono. Si uno de los “espectros” es la guerra violenta y armada, podemos luchar en los otros que comprenden la guerra informática y cibernética, la guerra contra la educación, la guerra contra la cultura, la guerra económica con la deuda externa y derivados, la guerra social que deshace el tejido comunitario, familiar, de clase; la guerra ideológica y seudo-científica neoliberal, cínica, recolonizadora y neofascista: la guerra que destruye la biosfera y la guerra que siembra el terror acompañadas de la guerra inmoral para cooptar, macro-corromper y someter a una humanidad que se rinda y se venda.</p>
<p>17. Insistir en que los pobres de la tierra y quienes estamos con ellos debemos enfrentar la guerra de espectro amplio en todos los espectros pacíficos posibles: en el terreno de la educación para pensar y hacer, en el terreno de la economía de la resistencia que cuida el pan y el agua, el fogón y el techo, los servicios de salud y de seguridad: el tejido social de la familia y el de la comunidad, y el de una clase trabajadora que restructure la unión necesaria de los trabajadores regulados y desregulados; en la lucha ideológica contra las corporaciones, los líderes amarillos y las mafias que ocultan su guerra depredadora con otras guerras no menos infames –como las del terrorismo, el narcotráfico y la confusión&#8230; Y estar cada vez más conscientes de que la guerra actual de intimidación y corrupción busca sobre todo el despojo de los territorios comunales, de las parcelas campesinas, de las tierras nacionales, de los bosques y las minas, de los viveros de petróleo y de los mantos acuíferos; de los suelos y los subsuelos, de las costas y las tierras. Y no conforme con oprimir a los pobres entre los pobres y a los habitantes de la periferia mundial, en forma cada vez más abierta está empobreciendo a los sectores medios y privando de sus derechos y de su futuro a los jóvenes y los niños del mundo entero.</p>
<p>Con los indignados de la tierra hemos de enfrentar la nueva política del azúcar y el garrote, de la corrupción y la represión macroeconómica que emplea el capitalismo corporativo, con sus aliados y subordinados. Frente a sus intentos de intimidación y corrupción universal blandiremos la moral de lucha y el coraje de los pueblos. Lo haremos, conscientes de que somos cada vez más y de que serán cada vez más quienes en el mundo entero luchen por lo que en 1994 sólo parecía ser una “rebelión indígena posmoderna” y que en realidad es el principio de una movilización humana considerablemente mejor preparada para lograr la libertad, la justicia y la democracia a que todos aspiramos.</p>
<p><em>(Texto de don Pablo González Casanova leído durante el 2o. Seminario Internecional de Reflexión y Análisis &#8220;&#8230;Planeta Tierra: Movimientos Antisistémicos&#8230;&#8221;, celebrado del 30 de diciembre del 2012 al 2 de enero del 2012 en CIDECI &#8211; Universidad de la Tierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas)</em>  </p>
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		<title>Diez minutos para acabar con el capitalismo</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Dec 2011 05:29:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlosmarentes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Notas Políticas]]></category>
		<category><![CDATA[capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Jean Salem]]></category>
		<category><![CDATA[Lenin y la revolución]]></category>
		<category><![CDATA[Marx]]></category>

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		<description><![CDATA[Jean Salem DIEZ MINUTOS. Aquella tarde cada ponente disponía de diez minutos para hablar de la actualidad del marxismo. Justo el tiempo de una entrega de premios. Caritativamente. El primero minuto yo lo había dedicado aquella tarde a los pitufos caritativos, a esos dignos representantes de una generación que ha pisoteado sus valores, de una [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=carlos-marentes.com&amp;blog=7414853&amp;post=489&amp;subd=carlosmarentes&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
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<strong>Jean Salem</strong></p>
<p>DIEZ MINUTOS. Aquella tarde cada ponente disponía de diez minutos para hablar de la actualidad del marxismo. Justo el tiempo de una entrega de premios.</p>
<p><em>Caritativamente.</em> El primero minuto yo lo había dedicado aquella tarde a los pitufos caritativos, a esos dignos representantes de una generación que ha pisoteado sus valores, de una generación de palinodias y jueguecitos en Bolsa, de “comercio justo”, de payasadas humanitarias mezcladas de <em>culto-al-ego</em> y frenéticas llamadas a la <em>guerra</em>. Porque en el fondo de este océano de azúcar, de miel y de caramelo blando en el que hemos tenido que sobrevivir, como en estado de apnea, durante veinte años; en esta feria de buenos sentimientos (que como no hacen mal ninguno, no pueden hacer más que el bien), a lo que finalmente hemos asistido es a la <em>santificación</em> de la actual situación de <em>facto</em>.</p>
<p><span id="more-489"></span><br />
La actualidad del marxismo se basa, pues, en primer lugar en que denuncia al capitalismo en tanto que <em>sistema</em>, y nos procura los instrumentos que hacen salir a una luz cegadora la inanidad de todo angelismo, la ineficiencia de los “reformadores del detalle”, la impostura de los que militan en la extinción del pauperismo… a partir de las diez de la noche.</p>
<p><em>Cínicamente.</em> El segundo minuto estuvo dedicado al “pensamiento único”. Hay que volver a leer a Marx y a Lenin después del diluvio, afirmé. En los <em>Manuscritos económico-filosóficos</em> de 1844, Marx denunciaba la inhumanidad del capitalismo y la infamia de sus turiferarios. Los economistas clásicos, como Smith, Say o Ricardo, consideraban al obrero poco más que como un animal de carga. No quisieron ver en el hombre más que una máquina de consumir y producir. Lo que le pueda pasar al trabajador fuera del tiempo que dedica a trabajar, el cuidado de preocuparse un poco por ellos, lo dejan hipócritamente en manos del médico, del juez, del enterrador o del jefe de los mendigos. El completo dominio de la economía sobre la sociedad refleja una alienación total, claramente manifiesta en el poder universal del dinero: “Nuestro valor recíproco –escribe Marx– es para nosotros el valor de nuestros objetivos recíprocos”.</p>
<p>Podríamos encontrar en <em>La France qui tombe</em>, un reciente panfleto liberal, consideraciones lastimeras y cuantificadas respecto a la baja productividad que habría ocasionado cada una de las conquistas sociales, empezando por la reducción de la semana de 40 horas, en la época del Frente Popular. ¿Y por qué no nos hablan de una maldita vez de las <em>desgracias económicas</em> que originó la ley de marzo de 1841 que establecía en ocho años (¡!) la edad legal de contrata de niños?</p>
<p><em>Belicosamente.</em> Durante el tercer minuto hice una muy sucinta alusión al complejo militar-industrial, bien instalado hoy al lado de lo más <em>chic</em>, conchabando con toda clase de mafias, detentador de mil enlaces nuevos y, muy en primer lugar, de inmensos órganos de “información” o pretendidos como tales. Dicho de otra manera, lo consagré a la confirmación cotidiana de esa tesis según la cual el sistema capitalista asegura el más bello porvenir a la <em>guerra</em>.  A la guerra de rapiña, a la guerra de depredación, a la guerra contra aquellos que se salen de la fila o contra el que ayer mismo era un honrado competidor en el mercado “libre”, a la guerra chino-americana, por ejemplo, en adelante uno de los escenarios menos improbables de un futuro próximo.</p>
<p><em>Desigualmente.</em> El cuarto minuto fue objeto de los grandes medios de información. Chomsky, en su <em>best-seller Manufacturing Consent</em> y yo mismo en un ensayo titulado <em>Rideau de fer sur le Boul’ Mich</em>, hemos examinado la increíble diferencia que se aplica por parte de estos medios a las masacres contemporáneas según sean o no masacres democráticas. “La clase que dispone de los medios de la producción material dispone al mismo tiempo –anotaba Marx– de los medios de producción intelectual”. Y esto vale, más que nunca, en un universo que se propone como objetivo hacer del machaqueo constante su medio natural y saturarnos de mensajes, de imposiciones, de “incitaciones”, de distracciones.</p>
<p><em>Horrible-económicamente.</em> En quinto lugar, la irrupción religiosa de la que se diría somos testigos, las oposiciones entre tribus, las modas de otros tiempos y, aquí entre nosotros, las extrañas mezcolanzas del racismo y de la necesaria defensa del espíritu laico, todo ella ilustra claramente esta tesis nada paradójica que recuerda una nota de <em>El capital</em>: incluso en las épocas en que lo religioso parece constituir el elemento <em>dominante</em> (Marx está pensando en la Edad Media), lo económico no deja de ser el factor que <em>determina</em> las otras instancias de la sociedad, los comportamientos de la gente y las creencias que los mueven. Dicho de otra manera, muy listo el que pueda distinguir el favor del que por desgracia goza un cierto Islam radical en algunas regiones del globo y la exasperación social suscitada en esas mismas regiones por la injusticia y el imperialismo. Porque la religión, como escribía Marx, es siempre, en mayor o menor medida, una “protesta contra el desamparo real”.</p>
<p><em>Matemáticamente.</em> Mi sexto minuto lo consagré a los medidores, los economedidores y otros proveedores de índices. Marx citaba y dejaba hablar a Schulz, un economista socializante, que denunciaba los <em>cálculos de medias</em> de los ingresos de los habitantes de una nación, cálculos que autorizan al filisteo (¡<em>nada</em>, definitivamente, ha cambiado!) a engañarse sobre la condición real de la clase más numerosa de la población. Se rebelaba contra los seudomodelos que, como el de la lotería de Adam Smith, pretenden justificar la existencia del capitalismo. Aquí tenemos sin duda la señal más clara de una concepción muy particular de las matemáticas que, de Hegel al joven Marx, las rechaza por <em>abstractas</em>, es decir superpuestas al objeto, extrínsecas a la realidad de la vida concreta. De cualquier modo, la puesta en cifras de cualquier cosa, de cualquier valor humano, constituye uno de los cánceres de esta nuestra tan curiosa época.</p>
<p><em>¿Democráticamente?</em> Después vino el minuto séptimo. Lo reservaba concretamente para esa singular especie de medidores, los <em>sondeadores</em> del sufragio universal del 40 por 100 de votantes y 100 por 100 de engañados, que algunos jesuitas republicanos, algunos hongos liberales de dudosa condición como tantos que nacen por decenas en el estiércol del sufragio universal (las expresiones son de Maupassant), ayudaron a transformar en objeto de interés principal. La actual <em>religión</em> del sufragio universal, cuya misa celebran constantemente los institutos de sondeo o las comisiones comisionadas por la Casa Blanca, merece al menos un reexamen cuyos elementos se encuentran todos o casi todos en las obras del mismo Marx, así como en las de Lenin.</p>
<p><em>Uniformemente.</em> El octavo minuto evocaba, como de pasada, el hundimiento de las humanidades, la devaluación del estudio, del tiempo tranquilo, de la soledad y, más ampliamente, del trabajo bien hecho. Y lamentaba yo, según fórmula ya casi indiscutible, el cretinismo general, la planchada de fútbol caída sobre este mundo de plomo, su espantosa uniformidad. “La burguesía –leemos en el <em>Manifiesto del Partido Comunista</em>– fuerza, bajo pena de muerte, a las naciones del mundo a implantar en su propio seno la llamada civilización”. Ella modela un mundo a su propia imagen.</p>
<p><em>Amistosamente.</em> El noveno minuto lo dediqué a algunos de mis buenos camaradas. Como los grandes problemas de la vida de los pueblos nunca se resuelven sino “por la fuerza”, escribía Lenin en 1905, aquellos que se ponen a lloriquear en cuanto la lucha de clases se agudiza en extremo, aquellos que demandan de los socialistas lo imposible, exigiéndoles que la victoria completa se alcance sin que la resistencia de los explotadores sea aplastada definitivamente, esos que están “desde el fondo de su corazón con la revolución”, pero sólo a condición de que ésta… ¡se desarrolle sin una lucha seria y que no comporte ninguna amenaza de destrucción! En una palabra, lo que exigen es una “revolución sin revolución”, declara Lenin, retomando así los términos que había utilizado Robespierre en el año 1792: “Ciudadanos ¿queréis una revolución sin revolución?”.</p>
<p>A propósito: los retratos de Robespierre (hasta entonces el Anticristo) empezaron, como dice Michelet, a salir de debajo de la cama a partir de 1830. Del mismo modo, no hay que ser adivino para predecir que una rehabilitación más que parcial de los setenta años de socialismo real acompañara, como su condición necesaria, el auge del próximo movimiento revolucionario. Esto nos parece tan indiscutible como la ley de los vasos comunicantes.</p>
<p><em>Chejovianamente.</em> El décimo y último minuto, el fin, fue para la juventud del mundo. Juventud que nada tiene que hacer con nuestras desilusiones, con nuestras debilidades, con nuestra adhesión, tan plácida como efímera, a todo lo que, en los años 1985-1990, fue <em>gorblaterado</em> en Moscú (el neologismo es de Zinoviev). La segunda Restauración, al plantear de manera muy aguda y amplia problemas análogos a los que planteó el primer capitalismo salvaje de principios del siglo XIX, conocerá los mismos amaneceres. Porque los enterradores del mundo tal y como va son ya legión; aquí y allá, sean en nuestros panoramas de desempleo, de revueltas y de declive programado, sea en la India o en China, esos <em>workhouses</em> enormes como continentes que en adelante serán nuestras manufacturas.</p>
<p>Es ella la juventud del mundo, la que sin duda hará llegar aquello cuyos entornos nosotros apenas podemos atisbar. Porque nosotros somos muy parecidos a los personajes de Chejov. Nosotros somos infelices. Sí, un poco infelices. Estamos persuadidos de que vivimos el fin de una época y el tiempo parece haberse detenido. Sabemos que algo va a venir. Pero no sabemos qué es.</p>
<p>(<a href="http://chspm.univ-paris1.fr/spip.php?article16">Jean Salem</a> es profesor de filosofía y director del Centro de Historia de los Sistemas de Pensamiento Moderno de la Universidad de Paris. Es autor de numerosos libros, entre éstos, “<a href="http://www.edicionespeninsula.com/es/llibre/lenin-y-la-revolucion_11515.html">Lenin y la revolución</a>” (Ediciones Península, Barcelona. Enero del 2010). Es precisamente de este libro, de su epílogo, de donde reproduzco esta parte con la autorización del profesor Salem)</p>
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		<title>Las izquierdas en el ojo de la tormenta</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Nov 2011 07:45:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlosmarentes</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Raúl Zibechi En la edición de noviembre de Le Monde Diplomatique, Serge Halimi desarrolla en un extenso artículo su visión de los problemas que atraviesa la izquierda europea. En “La izquierda que ya no queremos” desgrana una fuerte crítica a los gobiernos que se proclaman socialistas por su manejo de la crisis, ya que no [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=carlos-marentes.com&amp;blog=7414853&amp;post=484&amp;subd=carlosmarentes&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
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<p><strong>Raúl Zibechi</strong></p>
<p>En la edición de noviembre de Le Monde Diplomatique, Serge Halimi desarrolla en un extenso artículo su visión de los problemas que atraviesa la izquierda europea. En “La izquierda que ya no queremos” desgrana una fuerte crítica a los gobiernos que se proclaman socialistas por su manejo de la crisis, ya que no encuentra mayores diferencias entre lo que hacen los conservadores y los progresistas una vez que conducen la cosa pública.</p>
<p><span id="more-484"></span><br />
“La izquierda reformista se distingue de los conservadores mientras dura la campaña por un efecto óptico. Luego, cuando se da la ocasión, se esfuerza por gobernar como sus adversarios, por no perturbar el orden económico, por proteger la platería del castillo”, escribe Halimi. También critica a la izquierda radical, que “sueña con aislarse en una contrasociedad aislada de las impurezas del mundo y poblada de seres excepcionales.”</p>
<p>Lo interesante de su análisis es que apuesta por rupturas. Rescata el triunfo electoral del Frente Popular francés en 1936, no por lo que hizo el gobierno, sino porque su victoria “liberó un movimiento de revuelta social al dar a los obreros la sensación de que ya no chocarían como antes con el muro de la represión policial y patronal”. En suma, apuesta a lo electoral en tanto pueda ser un activador de la protesta social para procesar las necesarias rupturas con el capitalismo. Es un cambio respecto de la tradicional estrategia de las izquierdas, no sólo europeas, ya que el sujeto vuelve a ser la lucha social, la lucha de clases, y ya no los aparatos político-electorales.</p>
<p>Halimi reconoce los riesgos que encierra la crisis actual, o sea, el desborde del capital financiero contra los estados luego de su ataque frontal a los sectores populares. Su análisis no alcanza, pese a todo lo positivo que incluye, a diseñar una estrategia alternativa a la que hasta ahora fue hegemónica en las izquierdas: tanto las europeas como las de los países periféricos, tanto moderadas como radicales. Muchos de los dilemas que se le plantean al “continente que vio nacer el sindicalismo, el socialismo y el comunismo y que parece resignarse más que otros a su desaparición”, son en realidad problemas que nos aquejan a todos los anticapitalistas en todas partes del mundo.</p>
<p>Los resumiré en dos aspectos: no tenemos estrategias para vencer al capital, ni electorales ni insurreccionales, y no tenemos siquiera un imaginario alternativo a las urnas o a la toma del palacio. En segundo lugar, no hemos puesto en pie economías autosustentables, capaces de sostener la vida y de entusiasmar a los de abajo a dedicar todas sus energías a esas tareas. En suma, si llegamos a triunfar contra el capital, no sabemos con qué sustituir el capitalismo, salvo empeñarnos en repetir aquel “socialismo de Estado” (que en realidad era un capitalismo de Estado autoritario) que fracasó a finales de la década de 1980.</p>
<p>No es dramático carecer de estrategias, por lo menos durante un tiempo. Lo terrible sería creer que sabemos hacia dónde vamos y con qué pretendemos sustituir un sistema que agoniza. La crisis en curso, que apunta hacia la desarticulación geopolítica del mundo conocido, dividido en centro, semiperiferia y periferia, y a la parálisis de la acumulación de capital (o sea a la guerra de conquista como manifestación extrema de la acumulación por desposesión), implica que las fuerzas antisistémicas ya no podrán seguir operando en los escenarios conocidos.</p>
<p>Socialdemocracia, socialismo, comunismo y movimiento sindical están paralizados porque el mundo en el que nacieron y crecieron está desapareciendo rápidamente. Aun eso que llamamos “movimientos sociales” está en crisis, porque ya no pueden seguir actuando del mismo modo. Ya se habla de crisis de la democracia, de golpes de Estado, adivinando que aquel mundo que dio a luz las ideas y prácticas emancipatorias está en bancarrota. Eso es la crisis del capitalismo o el fin del sistema-mundo capitalista.</p>
<p>Cuando las izquierdas dicen que el capitalismo está en crisis, apenas se asoman a una media verdad. Si aceptamos que estamos ante la crisis del sistema-mundo, debemos comprender que nosotros somos parte de esa crisis, porque nuestros movimientos nacieron en ese sistema y están llamados a desaparecer con él. Por eso se trata de construir otra cosa, de imaginar otras estrategias para “cambiarnos en el mundo”, porque no sólo se trata de cambiar el mundo, como si fuera algo externo a nosotros.</p>
<p>Faltan dos cuestiones. La primera es comprender que hace falta mucha más crisis para que algo pueda cambiar. Hace falta que el sistema se desmorone, y debemos trabajar para que eso suceda. Cuando algo se derrumba, es evidente que nosotros caemos, y ese es un riesgo que no podemos eludir, porque sería vanidoso pretender que podemos salvarnos por el solo hecho de creernos revolucionarios, y porque resulta éticamente inaceptable ocultar ese riesgo a los seres humanos con los que convivimos y con quienes militamos.</p>
<p>Hay habilidades para reducir el impacto de un derrumbe siendo parte de lo que se autodestruye. Pero es bueno saber que la lógica de un derrumbe consiste en que no se puede controlar el proceso entero, porque las cosas en la vida real no funcionan como esas demoliciones programadas que nos muestra la televisión. En esta caída sistémica hay un impulso interior autodestructivo incontrolado (léase sistema financiero o guerra nuclear). En ese escenario debemos reconstruir algo que no sea capitalismo.</p>
<p>La segunda cuestión es que hay que hacer no capitalismo aquí y ahora, porque lo que venga luego del derrumbe no se puede improvisar. Sólo los pueblos indígenas y campesinos, los afrodescendientes y sectores populares urbanos de nuestro continente tienen experiencia en vivir de este modo. Sus saberes serán imprescindibles para sobrevivir en las caídas y para hacer un mundo mejor. Pero, claro está, nada de eso es útil para ganar elecciones. La lógica del mal menor también está en crisis.</p>
<p>FUENTE: <a href="http://www.jornada.unam.mx/2011/11/18/index.php?section=opinion&amp;article=024a1pol">La Jornada</a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/carlosmarentes.wordpress.com/484/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/carlosmarentes.wordpress.com/484/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/carlosmarentes.wordpress.com/484/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/carlosmarentes.wordpress.com/484/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/carlosmarentes.wordpress.com/484/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/carlosmarentes.wordpress.com/484/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/carlosmarentes.wordpress.com/484/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/carlosmarentes.wordpress.com/484/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/carlosmarentes.wordpress.com/484/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/carlosmarentes.wordpress.com/484/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/carlosmarentes.wordpress.com/484/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/carlosmarentes.wordpress.com/484/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/carlosmarentes.wordpress.com/484/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/carlosmarentes.wordpress.com/484/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=carlos-marentes.com&amp;blog=7414853&amp;post=484&amp;subd=carlosmarentes&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>¿Se puede comprender el caos?</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Aug 2011 20:45:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlosmarentes</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Immanuel Wallerstein]]></category>
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		<description><![CDATA[Algunos comentarios a la entrevista de Immanuel Wallerstein (1) Theotonio Dos Santos Desde hace muchos años vengo discutiendo con Immanuel y un grupo de compañeros sobre esta situación que preveíamos, basados no solamente en los ciclos largos de Kondratiev. Con todo, tenemos que tener claro algunos puntos que aún resultan polémicos, incluso dentro de nuestro [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=carlos-marentes.com&amp;blog=7414853&amp;post=473&amp;subd=carlosmarentes&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
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<p><strong>Theotonio Dos Santos</strong></p>
<p>Desde hace muchos años vengo discutiendo con Immanuel y un grupo de compañeros sobre esta situación que preveíamos, basados no solamente en los ciclos largos de Kondratiev. Con todo, tenemos que tener claro algunos puntos que aún resultan polémicos, incluso dentro de nuestro grupo de estudiosos del sistema mundial. Es necesario destacar dos cosas.</p>
<p><span id="more-473"></span><br />
Primero, no estamos en una fase desfavorable del ciclo largo, estamos en medio de un periodo de crecimiento. Esto explica que a pesar de las dimensiones colosales de la crisis de la especulación financiera internacional, continúa habiendo crecimiento de la economía mundial. Este ciclo positivo deberá agotarse en aproximadamente 10 años cuando deberemos sustituir el actual patrón tecnológico mundial por un nuevo paradigma cuya introducción exigirá una destrucción masiva de gran parte de la estructura económica mundial y de las varias estructuras nacionales. En ese momento, la crisis actual parecerá un chiste y la idea de caos que maneja Immanuel se aproximará bastante de la realidad de este nuevo periodo.</p>
<p>Segundo, la desproporcionada intervención fiscal del gobierno estadunidense para salvar el sistema financiero actual es similar a la intervención del Japón en el comienzo de la década de 1990 para salvar los absolutamente inútiles bancos japoneses. Ella es peor aún porque los Estados Unidos, además de transferir recursos colosales al sistema financiero casi tan inútil como el japonés, tiene gastos insostenibles como las guerras sucesivas y como las &#8220;prevenciones&#8221; de guerras megalómanas con las que pretenden someter todo el planeta a su dominio.</p>
<p>Luego, los Estados Unidos no pueden más situarse como la gran &#8220;locomotora de la economía mundial&#8221;, como viene ocurriendo ya en los últimos 10 años. Deberá tener un crecimiento mediocre junto con Europa. A pesar de que ésta podría tener una mejor situación se asumiera su destino euro-asiático y abriera sus economías, sociedades y cultura a una audaz aproximación con Rusia, China e India. Y a la vez, apoyara el sur de la Europa para conectarse fuertemente con Turquía, con todo el Oriente Medio, África y América Latina. ¡Abajo el Atlantismo que destruye a Europa!</p>
<p>En cuanto a China, no tiene otro camino que usar sus dólares e incluso sus títulos de la deuda norteamericana para adquirir empresas en toda la economía occidental, utilizando los fondos soberanos que ya tiene y los nuevos que piensa crear. Su destino es convertirse en la principal fuerza económica (y financiera) del capitalismo mundial.</p>
<p>Valga la capacidad de la teoría económica no ortodoxa para comprender estas realidades y actuar sobre ellas. Feliz o infelizmente el capitalismo de estado de China y el de gran parte del llamado Tercer Mundo deberán dirigir la economía mundial a partir de un periodo muy corto. Estamos en plena transición para esta nueva fase.</p>
<p>Luchemos para que ese capitalismo de Estado esté sometido a fuerzas democráticas (es decir, las mayorías sociales y no las &#8220;élites&#8221; antidemocráticas occidentales, a pesar de sus discursos liberales).<br />
Luchemos para encontrar regímenes políticos que permitan este diálogo constante entre los Estados y los pueblos. Las formas de representación electoral usadas en el Occidente están en plena degradación con un descontento de masas colosal, pues los grandes movimientos de masa del momento no son las rebeliones árabes y sí la ocupación de las calles europeas por las grandes protestas populares.</p>
<p>No extrañen el hecho de que las noticias monitoreadas por la gran prensa internacional no les dejen visualizar esta imagen. Hay toda una nueva agenda a ser desarrollada en esta nueva situación histórica. América Latina está haciendo un esfuerzo muy positivo en esta dirección. Ella incluye una drástica reforma de los medios de comunicación y una mayor comunicación Sur/Sur. Tenemos que pensar con energía, audacia y creatividad. Inmanuel Wallerstein es uno de los pocos que está en esta trinchera. </p>
<p><em>(Traducción ALAI)</em></p>
<p><a href="http://carlos-marentes.com/2011/08/15/wallerstein-se-vienen-anos-de-incertidumbre-y-caos-mundial/">Entrevista con Immanuel Wallerstein.</a> </p>
<p>- Theotonio Dos Santos es Presidente de la Cátedra y Red sobre Economía Mundial y Desarrollo Sostenible de la UNESCO y la ONU. Profesor emérito de la Universidad Federal Fluminense (UFF) de Río de Janeiro.<br />
<a href="http://theotoniodossantos.blogspot.com">theotoniodossantos.blogspot.com</a></p>
<p>FUENTE: <a href="http://alainet.org/active/48764">ALAINET</a> </p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/carlosmarentes.wordpress.com/473/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/carlosmarentes.wordpress.com/473/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/carlosmarentes.wordpress.com/473/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/carlosmarentes.wordpress.com/473/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/carlosmarentes.wordpress.com/473/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/carlosmarentes.wordpress.com/473/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/carlosmarentes.wordpress.com/473/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/carlosmarentes.wordpress.com/473/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/carlosmarentes.wordpress.com/473/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/carlosmarentes.wordpress.com/473/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/carlosmarentes.wordpress.com/473/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/carlosmarentes.wordpress.com/473/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/carlosmarentes.wordpress.com/473/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/carlosmarentes.wordpress.com/473/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=carlos-marentes.com&amp;blog=7414853&amp;post=473&amp;subd=carlosmarentes&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Wallerstein: Se vienen años de incertidumbre y caos mundial</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Aug 2011 23:00:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlosmarentes</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sally Burch El destacado académico de las ciencias sociales, Immanuel Wallerstein, es uno de los más connotados exponentes del pensamiento crítico contemporáneo y durante su reciente visita a Ecuador, ALAI conversó con él sobre la actual crisis de deuda que golpea duramente a Estados Unidos y sus consecuencias para los países emergentes y América Latina. [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=carlos-marentes.com&amp;blog=7414853&amp;post=466&amp;subd=carlosmarentes&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://carlosmarentes.files.wordpress.com/2011/08/marcha-y-futuro-de-globalizacion-7.jpg"><img src="http://carlosmarentes.files.wordpress.com/2011/08/marcha-y-futuro-de-globalizacion-7.jpg?w=500" alt="" title="marcha-y-futuro-de-globalizacion-7"   class="aligncenter size-full wp-image-468" /></a><br />
<strong>Sally Burch</strong></p>
<p>El destacado académico de las ciencias sociales, Immanuel Wallerstein, es uno de los más connotados exponentes del pensamiento crítico contemporáneo y durante su reciente visita a Ecuador, ALAI conversó con él sobre la actual crisis de deuda que golpea duramente a Estados Unidos y sus consecuencias para los países emergentes y América Latina.</p>
<p>El investigador principal de la Universidad de Yale considera que el dólar ha entrado en un proceso grave e irreversible de pérdida de valor como moneda de reserva mundial, subrayando que era “el último poder serio que mantenía Estados Unidos”.</p>
<p><span id="more-466"></span><br />
Wallerstein piensa que las diferentes medidas de emergencia que se están implementando en su país simplemente están retrasando la banca rota mundial. “Los daños son hechos concretos, la situación de los Estados Unidos es grave y no es recuperable”, recalca.</p>
<p>Estima que el desenlace ocurrirá dentro dos o tres años, con resultados caóticos para el sistema mundial porque “no habrá una moneda de reserva internacional” y tampoco existen condiciones para que otra moneda pueda ocupar ese rol.  Entonces con el fin del dólar como reserva mundial “van a existir cinco, seis o siete monedas importantes, una situación caótica porque habrá fluctuaciones enormes continuas”.</p>
<p>“Ni los gobiernos ni las firmas transnacionales, ni los mega-bancos, ni los individuos sabrán qué hacer. Una incertidumbre enorme paralizará el mundo, especialmente a los inversionistas”, advierte el académico estadounidense.</p>
<p>Mientras esto ocurre en un nivel macro de la economía norteamericana, paralelamente también en un plano más local se vienen produciendo serios problemas económicos.  “Comunidades urbanas pequeñas están entrando a la bancarrota y por ejemplo no pueden pagar las jubilaciones”, indica el científico social.</p>
<p>El investigador considera que en su país la clase media es la más afectada porque de un día a otro las familias pierden posición y los trabajadores que perdieron su empleo no pueden hallar otro puesto, especialmente las personas entre 40 y 60 años, llegando incluso a perder sus casas.  Es una situación que actualmente no tiene solución y no se observa posibilidad de encontrar una válvula de escape.</p>
<p>Además, Wallerstein señala que “la situación en Estados Unidos va a empeorar porque se va a eliminar la posibilidad que el gobierno sostenga gastos necesarios en este momento, creándose una situación peor que la actual. La fantasía del Tea Party está llevando a Estados Unidos y por consecuencia a todo el mundo en dirección de un crash”.</p>
<p>Teniendo en cuenta estas consideraciones el pronóstico del teórico norteamericano, para los próximos años, es bastante pesimista.  “Yo veo guerras civiles en múltiples países del norte, sobre todo en Estados Unidos donde la situación es mucho peor que en Europa occidental, aunque allá también hay posibilidades de guerra porque hay un límite hasta el cual la gente ordinaria acepta la degradación de sus posibilidades”.</p>
<p><strong>China y países emergentes</strong></p>
<p>Ante la crisis de Estados Unidos y Europa los países emergentes por el momento parecen vivir bien, sin embargo, desde el punto de vista de Wallerstein, esconden una falsa realidad porque todos estamos en una misma canasta.</p>
<p>Teniendo en cuenta que China es el principal tenedor de bonos norteamericanos, ese país afronta una disyuntiva muy delicada.  Wallerstein considera que si por un lado “deja de comprar bonos de Estados Unidos va a perder la oportunidad de colocar productos chinos en ese mercado, un problema muy serio para la China.  Al mismo tiempo, cuando el dólar pierda su posición relativa a las otras monedas sus bonos no van a valer mucho”.</p>
<p>Entonces, China se está arriesgando a perder enormemente tanto si se retira o si continúa en el mercado de bonos norteamericanos. Frente a esta situación considera que “lo más probable es que la China se vaya retirando poco a poco”. Justamente el problema está en determinar cuando es el momento perfecto para detener las inversiones, lo cual es imposible de señalar porque si lo supiéramos seríamos todos ricos, agrega el investigador.</p>
<p>Además de este serio problema que afronta China, explica que el país asiático atraviesa por una situación muy frágil desde el punto de vista de su economía interna, “porque los bancos chinos están en la misma situación que los bancos norteamericanos de hace dos o tres años”. Asimismo, la inflación limita posibilidades a China y a otros países emergentes como, por ejemplo, a Brasil.</p>
<p>En este contexto considera que los países emergentes, y en el caso de Suramérica la Unasur, deberán hallar los mecanismos de un “proteccionismo a corto plazo a fin de minimizar los daños que serán para todo el mundo.  No habrá países que escaparán de los daños pero serán más grandes para algunos que para otros”.</p>
<p>Preguntado sobre la construcción de una nueva arquitectura financiera regional, con iniciativas como el Banco del Sur o de una moneda regional como el Sucre, el académico valoró positivamente esas posibilidades para los pueblos de América del Sur. “La creación eventual de una moneda verdadera común será un elemento de fuerza económica en esta situación”.  En ese sentido citó como ejemplo que a pesar de las dificultades en Europa con el euro, la decisión de salvaguardar la moneda común “va a permitirles una posición política importante”.</p>
<p>Finalmente, como un mensaje para América Latina invitó a continuar con la reflexión sobre la necesidad de garantizar alimentos suficientes para su pueblo, agua para su pueblo, energía para su pueblo, como cuestiones mínimas y esenciales que deben hacer todos los gobiernos del Sur.</p>
<p><strong>FUENTE: </strong><a href="http://alainet.org/active/48721">ALAINET</a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/carlosmarentes.wordpress.com/466/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/carlosmarentes.wordpress.com/466/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/carlosmarentes.wordpress.com/466/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/carlosmarentes.wordpress.com/466/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/carlosmarentes.wordpress.com/466/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/carlosmarentes.wordpress.com/466/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/carlosmarentes.wordpress.com/466/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/carlosmarentes.wordpress.com/466/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/carlosmarentes.wordpress.com/466/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/carlosmarentes.wordpress.com/466/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/carlosmarentes.wordpress.com/466/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/carlosmarentes.wordpress.com/466/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/carlosmarentes.wordpress.com/466/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/carlosmarentes.wordpress.com/466/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=carlos-marentes.com&amp;blog=7414853&amp;post=466&amp;subd=carlosmarentes&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Aspectos políticos en Carlos Montemayor</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Jul 2011 17:54:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlosmarentes</dc:creator>
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<p><strong>Cristóbal León Campos</strong></p>
<p>Carlos Montemayor es sin duda uno de los más destacados intelectuales de México en las últimas décadas. Desarrolló una variedad de campos del pensamiento: fue historiador, ensayista, poeta, cuentista, traductor, y estudioso de las lenguas naturales como lo constata el trabajo que realizó en las comunidades mayas de nuestro Estado.</p>
<p>En las siguientes líneas buscamos presentar un sencillo acercamiento a algunos aspectos de la actividad y pensamiento político de Carlos Montemayor, realizando una breve mirada a su militancia y a su ejercicio intelectual, como parte de los homenajes que se realizan en su memoria.</p>
<p><span id="more-455"></span></p>
<p><strong>II</strong></p>
<p>El origen familiar acomodado de Carlos Montemayor no fue un impedimento para que se vinculara con campesinos e indígenas desde su juventud. En su natal Chihuahua, vivió de cerca el desarrollo de movimientos campesinos que se extendían por todo el estado y que abarcaban algunas zonas de Durango y Sonora. La mayor parte de los líderes campesinos eran de la sierra; algunos, profesores normalistas rurales que trabajaban muy activamente en la gestión ante las autoridades de la Reforma Agraria, recordaría años después Montemayor.</p>
<p>“A principios de los años 70 algunas compañías privadas dieron inicio a una serie de despojos de tierras que provocó la reacción inmediata de los campesinos y paulatinamente la conformación de una fuerza organizada. El mayor contingente formó parte de la Unión General Obrero Campesina de México” relató Montemayor a la periodista Mónica Mateos Vega (La Jornada, 1 de marzo de 2010).</p>
<p>Desde 1959, l as movilizaciones en defensa de predios y contra las invasiones de tierras, crearon un ambiente de tensión social muy importante en Chihuahua, que influyó en la forma de ver la sociedad del joven Carlos Montemayor. Los primeros momentos de estos acontecimientos populares los describe Montemayor en su novela Las armas del alba, sobre todo los que se desarrollan cerca de Ciudad Madera.</p>
<p>Al ingresar a la Universidad de Chihuahua, entró en contacto con cuadros políticos y frentes campesinos, mediante los cuales conoció más de cerca estos procesos sociales de lucha. Su relación con jóvenes socialistas de Chihuahua que militaban en el Partido Popular Socialista, El Partido Comunista y el Movimiento de Liberación Nacional, le abrió la puerta para contactar a las diversas corrientes campesinas y magisteriales, como las que encabezaba Arturo Gámiz, quien fuera figura central del asalto al Cuartel Madera del 23 de septiembre de 1965, en Chihuahua. Tema principal de su novela ya referida Las Armas del Alba, la cual basa su contenido histórico en los testimonios de los sobrevivientes de esta guerrilla.</p>
<p>Al recordar estos hechos Montemayor menciona: “Ellos constituyeron el primer movimiento guerrillero en México después de la revolución cubana. Desarrollaron varias acciones. La acción armada más notable de ellos ocurrió el 23 de septiembre 1965; esa mañana intentaron tomar por asalto el cuartel militar de Ciudad Madera” ( La Jornada , 1 de marzo de 2010) .</p>
<p>Todavía muy joven, Montemayor comenzó a publicar en el periódico Acción, gracias a la invitación de la compositora Judith Reyes quien se desempeñaba como editora. En este rotativo vieron la luz sus primeros artículos en los que manifestaba su afinidad con Arturo Gámiz.</p>
<p>Al lado de las juventudes socialistas participó en la fundación de la Universidad Obrera en la ciudad de Chihuahua siendo preparatoriano, junto a su amigo Óscar González Eguiarte, quién años después encabezaría la segunda fase de la guerrilla chihuahuense.</p>
<p>Al iniciarse una serie de protestas en el internado de la Escuela de Artes y Oficios de Chihuahua, por las malas condiciones en que se encontraban los hijos de campesinos y obreros que allá estudiaban, Montemayor participó decidido, ese fue su primer movimiento estudiantil.</p>
<p>En 1963 colaboró con el profesor Antonio Becerra en la formación de la Liga de la Defensa de las Garantías Individuales y Sociales, organización que apoyó de manera importante a los movimientos campesinos de Chihuahua. El movimiento del 68 lo vivió como estudiante de la Facultad de Derecho de la UNAM. Sin duda, este movimiento transformó para el resto de su vida su actividad intelectual.</p>
<p>El compromiso de Montemayor de contrastar las versiones oficiales con la realidad social y humana, tanto como analista político en artículos publicados en diversos medios -en los años recientes en La Jornada y en el semanario Proceso-, y como investigador e historiador con sus diversos libros, se consolidó cuando conoció a través de la prensa el desenlace de muchos de sus amigos de juventud en Chihuahua: “Desde hacía más de un año yo radicaba en la ciudad de México, por lo que desconocía que ellos habían entrado en la clandestinidad. Cuando me enteré del ataque –al cuartel Madera- y vi las fotos de algunos cadáveres de mis compañeros me sacudí, pero sobre todo, me estremeció el tipo de información oficial sobre ellos: los trataron de gavilleros, de delincuentes, de pistoleros, de roba vacas”. “Eso fue lo que más me afectó, porque a mí me constaba su honestidad, su limpieza, su integridad, su militancia, su generosidad. Esta impresión de cómo una versión oficial puede destruir tan brutalmente la verdad de la vida humana me marcó para siempre” ( La Jornada , 1 de marzo de 2010) .</p>
<p>Como activista político jugó un papel relevante. Su más reciente participación fue como integrante de la extinta Comisión de Mediación entre el gobierno federal y el Ejército Popular Revolucionario, para investigar el paradero de dos desaparecidos políticos militantes del EPR desde hace ya varios años.</p>
<p><strong>III</strong></p>
<p>La obra intelectual de Carlos Montemayor es basta y muy reveladora. Sus novelas, crónicas y ensayos acerca de diversos movimientos sociales son referentes para analizar el contexto y la actualidad en torno a fenómenos como las guerrillas y los levantamientos indígenas. Sus libros: Chiapas, la rebelión indígena de México (1998); La guerrilla recurrente (1999); y Rehacer la historia (2000) son fundamentales.</p>
<p>Montemayor logró sistematizar y dejar constancia de los movimientos armados socialistas de los sesenta y setenta que no figuran en la historia oficial. Su obra más renombrada, Guerra en el paraíso (1991), aporta mucho al conocimiento público sobre la Guerra Sucia mexicana. En esta novela recreó la represión militar contra la guerrilla de Lucio Cabañas en Guerrero durante los años setenta.</p>
<p>También otras partes de su literatura reflejan su compromiso con la verdad, en cuentos como Las llaves de Urgell (1971), Premiá (1983), Diana (1990), y en ensayos como Los dioses perdidos (1979) y El oficio literario (1985), aborda de manera puntual la vida y problemáticas indígenas.</p>
<p>En su más reciente libro La violencia de Estado en México. Antes y después de 1968, utiliza la perspectiva histórica para examinar las causas de los movimientos armados y propone varias hipótesis cardinales. Violencia de Estado en México es un estudio revelador. El libro es continuador en buena medida de los análisis que ya había realizado y publicado en el 2000 bajo el nombre de Rehacer la historia, escrito que se basa en los documentos personales del general Marcelino García Barragán, uno de los principales actores de la masacre de 1968. La inclusión de otras fuentes, sobre todo informes desclasificados por el gobierno de Estados Unidos, permite a Montemayor abrir nuevas rutas de interpretación referentes a la “supuesta” vinculación orgánica entre el movimiento estudiantil del 68 y la guerrilla posterior a él, lo cual, logra desmentir en su mayoría. En su análisis sigue la ruta de la conjura comunista internacional que el gobierno mexicano encabezado por Gustavo Días Ordaz convirtió en la explicación oficial del surgimiento del movimiento del 68, y por tanto, la utilizó como justificante de la actuación genocida de su gobierno el 2 de octubre en la plaza de Tlatelolco. Los documentos permiten a Montemayor demostrar que ni siquiera la CIA confiaba en la versión de la conjura internacional de Cuba y la URRS sobre México.</p>
<p>De igual forma, parte del contenido de Violencia de Estado se ha presentado a la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos en el 2009, y utilizado por la Comisión de Mediación entre el EPR y el gobierno federal, disuelta el 21 de abril de 2009 por la negativa del ejecutivo de resolver el caso de los desaparecidos eperristas.</p>
<p>El libro plantea que la violencia de Estado no es sólo tortura, masacres y desaparición forzada, sino un entramado de complejos mecanismos como la impunidad en la procuración e impartición de la justicia, la legislación que criminaliza a activistas sociales y la negación de la pobreza. En otras palabras, la violencia de estado también es la permanencia del analfabetismo, de la carencia de servicios de salud, del desempleo, de la falta de vivienda, y de la desnutrición, todas estas son formas de violencia legal, institucionalizada.</p>
<p>Carlos Montemayor puntualiza que estas situaciones se recrudecen cuando el escenario son las poblaciones indígenas, debido al rezago histórico que presentan desde la conquista. Por ello hizo hincapié en la legitimidad de la lucha del EZLN tanto en sus artículos de La Jornada como en su libro Chiapas, la rebelión indígena (1997). Con su trabajo denostó la calificación de “terroristas” que la derecha endilgó tanto a zapatistas como a militantes de otras guerrillas, como los del EPR. Al demostrar que su organización y aparición en la vida política-social de nuestro país, responde a la necesidad de sobrevivir y no a actos criminales.</p>
<p>Su agudo análisis lo lleva a otra hipótesis: la violencia institucionalizada provoca violencia popular. Esta es la razón de la recurrencia de la guerrilla como fenómeno de lucha en el país desde al menos 45 años atrás. La llamó “guerrilla recurrente” porque no ha dejado de estar presente durante todo este tiempo. Siempre alegó que la violencia del pueblo manifestada en rebeliones es precedida de una violencia originada por el Estado, por graves insuficiencias sociales y políticas, de tal manera, que nunca dejó de recomendar que estos estallidos deban ser analizados como movimientos sociales y no como meros asuntos policíacos o militares. Es decir, sino se toman en cuenta las causas sociales que generan estos movimientos, nunca se podrán solucionar, y por tanto la guerrilla seguirá siendo recurrente. Es necesario comprender que la guerrilla es siempre un fenómeno social.</p>
<p>Sus planteamientos sobre los movimientos armados en México han influido en varias generaciones de investigadores y periodistas. Un claro ejemplo, es su papel clave en la elaboración del libro México armado 1942-1981 como lo ha reconocido la periodista Laura Castellanos, autora del libro, en el que se narra el proceso de radicalización de una treintena de guerrillas en los años sesenta y setenta, antecesoras de la decena de guerrillas activas en la actualidad, como el EZLN y el EPR y sus escisiones.</p>
<p>Las aportaciones de Montemayor también son vitales para conocer las espirales de la contrainsurgencia. En La violencia de Estado en México presenta un escenario repetido a lo largo de la historia moderna, tanto en las movilizaciones ferrocarrileras de los cincuenta, como en las estudiantiles del 68, en la irrupción de los grupos guerrilleros diversos, así como en el movimiento popular de Atenco o el de Oaxaca en el 2006. El escenario referido es que cuando un grupo social inconforme radical o no, irrumpen la esfera social y política, el discurso del Estado descalifica sus razones, niega la violencia institucionalizada, y reprime en nombre de la “paz social”. Por tanto Montemayor es puntual al decir: “La inconformidad social no inicia la violencia; por el contrario, surge para que esa violencia cese”.</p>
<p>La mirada aguda del análisis político-social de Montemayor, no quedo suscrito únicamente a nuestro país, pues también, puso a juicio las medidas tomadas por Estados Unidos después del 11 de septiembre de 2001, y su repercusión en la política de seguridad de nuestro país. La militarización y la migración mexicana a los Estados Unidos también estuvieron en sus escritos.</p>
<p>El 21 de agosto de 2008, al conmemorarse 68 años de la muerte de León Trotsky en la que fuera su casa, Montemayor manifestó su punto de vista sobre la situación mundial al decir: “La globalización económica es un nuevo colonialismo que esta creando un futuro ominoso para la humanidad, provocando un grave retroceso hacia la barbarie política y judicial. Estamos ante el desmantelamiento de los Estados, ante el abandono de los objetivos de bienestar de las sociedades. En este neocolonialismo el poder se concentra cada vez más en los intereses de los grandes consorcios”.</p>
<p>Ante la desolación que tan claro juicio pudiera provocar hasta en el más sólido humano, Montemayor en el mismo acto expresó el camino para superar esta etapa oscura de la humanidad. “Los procesos de sometimiento a la globalización sólo pueden modificarse a partir del despertar social, la única fuerza posible en términos políticos y sociales para cambiar las injerencias de la elite mundial”. Día a día, en todos los rincones del mundo, estas palabras se materializan sin que la gran mayoría se entere, por ser excluidos los actos libertarios de los grandes consorcios comunicativos (prensa, radio, tv), Montemayor bien lo sabía y por ello se dio la tarea de recuperar una parte de ellos, para no dejarlos en el olvido de la desmemoria.</p>
<p><strong>IV</strong></p>
<p>Para finalizar recordemos que Montemayor nos dejó un legado que a su muerte cobra mayor significado, no sólo es relevante su obra política, sino también su trabajo sobre lenguas indígenas.</p>
<p>Es mucho lo que falta esclarecer de la Guerra Sucia, de la contrainsurgencia, de la guerrilla mexicana, pero las aportaciones de Montemayor harán de ese camino algo menos oscuro. El mismo Montemayor se expresó con entusiasmo en el 2002 al escribir en el prologo del libro En las profundidades del MAR de Fernando Pineda Ochoa lo siguiente: “Estamos en el momento que empieza a surgir a la luz la memoria de estos movimientos. Esa memoria debe formar parte de nuestra conciencia actual, porque su historia empieza a revelarse para decimos lo que somos, lo que a través de nuestras luchas hemos querido ser, y deseamos aún llegar a ser”.</p>
<p>Montemayor dejó claves históricas para comprender nuestro posible futuro. Su muerte no significa el olvido de sus ideas; sino por el contrario, la consolidación de su ideario como una poderosa arma de análisis social que necesariamente respalda las mejores causas del pueblo de México.</p>
<p>El capitalismo le ha quitado la ética a la palabra, ha contribuido a que todo aquel que la pronuncia desde el poder quede exento compromiso. La palabra en el capitalismo perdió su cualidad de responsable de un compromiso social, el discurso se ha convertido en un conjunto de palabras vacías y mentiras perdidas en la desmemoria.</p>
<p>En este mundo, donde se busca ser importante antes de ser útil a la sociedad, Montemayor nos lego su ejemplo de militante de la verdad y su ética de compromiso social. Honremos a Carlos Montemayor militando en la verdad, reponiéndole a la palabra su función transformadora, y comprometiéndonos con la igualdad, la justicia y la libertad.</p>
<p><small><strong>- Ponencia presentada en la mesa panel “Montemayor, hombre de letras” el 28 de abril de 2010 en la Ciudad de Mérida Yucatán, realizada como parte del ciclo de homenaje organizado por el Instituto de Cultura de Yucatán para recordar al escritor mexicano Carlos Montemayor.</strong></small></p>
<p><strong>FUENTE: <a href="http://www.rebelion.org/noticia.php?id=131833" target="_blank">Rebelión</a></p>
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		<title>Las revoluciones contra las vanguardias</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Jun 2011 17:15:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlosmarentes</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Raúl Zibechi Las potentes movilizaciones que atraviesan el mundo están desbordando tanto democracias como dictaduras, regímenes nacidos de elecciones y de golpes de Estado, gobiernos del primer y del tercer mundo. No sólo eso. Desbordan los muros de contención de los partidos socialdemócratas y de izquierda, en sus más diversas variantes. Desbordan también los saberes [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=carlos-marentes.com&amp;blog=7414853&amp;post=448&amp;subd=carlosmarentes&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://carlosmarentes.files.wordpress.com/2011/06/raul-zibechi-dispersing-power.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-450" title="raul-zibechi-dispersing-power" src="http://carlosmarentes.files.wordpress.com/2011/06/raul-zibechi-dispersing-power.jpg?w=500" alt=""   /></a><strong>Raúl Zibechi</strong></p>
<p>Las potentes movilizaciones que atraviesan el mundo están desbordando tanto democracias como dictaduras, regímenes nacidos de elecciones y de golpes de Estado, gobiernos del primer y del tercer mundo. No sólo eso. Desbordan los muros de contención de los partidos socialdemócratas y de izquierda, en sus más diversas variantes. Desbordan también los saberes acumulados por las prácticas emancipatorias en más de un siglo, por lo menos desde la Comuna de París.</p>
<p>Naturalmente, esto produce desconcierto y desconfianza entre las viejas guardias revolucionarias, que reclaman organización más sólida, un programa con objetivos alcanzables y caminos para conseguirlos. En suma, una estrategia y una táctica que pavimenten la unidad de movimientos que estarían condenados al fracaso si persisten en su dispersión e improvisación actuales. Lo dicen a menudo personas que participan en los movimientos y quienes se felicitan de su existencia, pero que no aceptan que puedan marchar por sí mismos sin mediar intervenciones que establezcan cierta orientación y dirección.</p>
<p><span id="more-448"></span><br />
Los movimientos en curso cuestionan de raíz la idea de vanguardia, de que es necesaria una organización de especialistas en pensar, planificar y dirigir al movimiento. Esta idea nació, como nos enseña Georges Haupt en La Comuna como símbolo y como ejemplo (Siglo XXI, 1986), con el fracaso de la Comuna. La lectura que hizo una parte sustancial del campo revolucionario fue que la experiencia parisina fracasó por la inexistencia de una dirección: “Fue la falta de centralización y de autoridad lo que costó la vida a la Comuna de París”, dijo Engels a Bakunin. Lo que en aquel momento era acertado.</p>
<p>Haupt sostiene que del fracaso de la Comuna surgen nuevos temas en el movimiento socialista: el partido y la toma del poder estatal. En la socialdemocracia alemana, el principal partido obrero de la época, se abre paso la idea de que la Comuna de 1871 era “un modelo a rechazar”, como escribió Bebel pocos años después. La siguiente oleada de revoluciones obreras, que tuvo su punto alto en la revolución rusa de 1917, estuvo marcada a fuego por una teoría de la revolución que había hecho de la organización jerárquica y de especialistas su eje y centro.</p>
<p>En el último medio siglo han sucedido dos nuevas oleadas de los de abajo: las revoluciones de 1968 y las actuales, que probablemente tengan su punto de arranque en los movimientos latinoamericanos contra el neoliberalismo de la década de 1990. En este medio siglo han sucedido, insertos en ambas oleadas, algunos hechos que modifican de raíz aquellos principios: el fracaso del socialismo soviético, la descolonización del tercer mundo y, sobre todo, las revueltas de las mujeres, de los jóvenes y de los obreros. Los tres procesos son tan recientes que muchas veces no reparamos en la profundidad de los cambios que encarnan.</p>
<p>Las mujeres hicieron entrar en crisis el patriarcado, lo que no quiere decir que haya desaparecido, agrietando uno de los núcleos de la dominación. Los jóvenes han desbordado la cultura autoritaria. Los obreros, y las obreras, desarticularon el fordismo. Es evidente que los tres movimientos pertenecen a un mismo proceso que podemos resumir en crisis de la autoridad: del macho, del jerarca y del capataz. En su lugar se instaló un gran desorden que fuerza a los dominadores a encontrar nuevas formas para disciplinar a los de abajo, para imponer un orden cada vez más efímero y menos legítimo, ya que a menudo es simple violencia: machista, estatal, desde arriba.</p>
<p>En paralelo, los de abajo se han apropiado de saberes que antes les eran negados, desde el dominio de la escritura hasta las modernas tecnologías de la comunicación. Lo más importante, empero, es que aprendieron dos hechos enlazados: cómo actúa la dominación y cómo hacer para desarticularla o, cuando menos, neutralizarla. Un siglo atrás eran una exigua minoría los obreros que dominaban tales artes. Las rebeliones, como la que comandó la Comuna, eran fruto de brechas que otros abrían en los muros de dominación. Ahora los de abajo aprendimos a abrir grietas por nosotros mismos, sin depender de la sacrosanta “coyuntura revolucionaria”, cuyo conocimiento era obra de especialistas que dominaban ciertos saberes abstractos.</p>
<p>En algunas regiones del mundo pobre se produjo la recuperación de saberes ancestrales de los de abajo que habían sido aplastados por el progreso y la modernidad. En este proceso los pueblos indios juegan un papel decisivo, al darle nueva vida a un conjunto de saberes vinculados a la curación, el aprendizaje, la relación con el entorno y también la defensa de las comunidades, o sea la guerra. Ahí están los zapatistas, pero también las comunidades de Bagua, en la selva peruana, y un sinfín de experiencias que muestran que aquellos saberes son válidos para estas resistencias.</p>
<p>Este conjunto de aprendizajes y nuevas capacidades adquiridas en la resistencia ha tornado inservible y poco operativa la existencia de vanguardias, esos grupos que tienen vocación de mandar porque creen saber lo que es mejor para los demás. Ahora, pueblos enteros saben cómo conducirse a sí mismos, con base en el mandar obedeciendo, pero también inspirados por otros principios que hemos podido escuchar y practicar estos años: “caminar al paso del más lento”, “entre todos lo sabemos todo” y “preguntando caminamos”.</p>
<p>Lo anterior no quiere decir que ya no sea necesario organizarnos en colectivos militantes. Sin este tipo de organizaciones y grupos, integrados por activistas o como quiera llamarse a las personas que dedicamos nuestras mejores energías a cambiar el mundo, ese cambio no llegaría jamás, porque no cae nunca del cielo, ni es regalo de caudillos y estadistas esclarecidos. Las revoluciones que estamos viviendo son fruto de esas múltiples energías. Las detonamos entre muchos y muchas. Pero una vez puestas en marcha, la pretensión de dirigirlas a puro mando suele producir resultados opuestos a los deseados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>FUENTE: <a href="http://www.jornada.unam.mx/2011/06/17/opinion/023a2pol">La Jornada</a></strong></p>
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