1910-2010: Un proletariado sin revolución


Carlos Marentes

¡Qué afortunados los que nacimos o nos casamos o tuvimos un hijo o una hija en este mes! Noviembre es el mes en que recordamos a nuestros seres queridos ya fallecidos y los honramos levantando altares o visitando sus tumbas. Pero también es el mes en que concluye la temporada agrícola, una vez que hemos cosechado los productos que nos van a alimentar durante el invierno. Entonces, es el mes en que valoramos los dos elementos más importantes de nuestra existencia, la vida y la muerte.


Pero es sobre todo un mes revolucionario para millares de personas, ya que es en estos días cuando recordamos dos de las revoluciones más importantes en la historia: La Revolución Mexicana de 1910 y la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia.

Esta última originalmente había ocurrido el 25 de octubre de 1917, pero cuando cambió el calendario juliano, se movió al 7 de noviembre, fecha en que se celebra en toda Rusia.

Por muchos años, la revolución rusa fue la principal fuente de inspiración de la izquierda. Dirigida por Vladimir Ilich Lenin y su partido de los bolcheviques, fue el primer intento por establecer un estado obrero y por reemplazar el sistema capitalista por el socialismo. De hecho, la revolución bolchevique fue la culminación de una serie de insurrecciones iniciadas por los obreros industriales de San Petersburgo en contra del régimen autoritario zarista en demanda de mejoras salariales y libertades sindicales. Una vez derrotado el zarismo, se instaló un gobierno provisional que no trajo cambios a las miserables condiciones de la población y provocó la insurrección de octubre del 1917, con la toma del poder del estado de parte de los bolcheviques.

Lenin se referiría, mucho después a lo ocurrido, de la siguiente forma:

“En unos cuantos días hemos destruido una de las monarquías más antiguas, poderosas, bárbaras y feroces. En unos cuantos meses hemos recorrido toda una serie de etapas de conciliación con la burguesía y de desvanecimiento de las ilusiones pequeñoburguesas, etapas que han requerido de otros países decenas de años. En unas cuantas semanas, después de derrocar a la burguesía, hemos aplastado su franca resistencia en la guerra civil. El bolchevismo ha atravesado en marcha triunfal nuestro inmenso país de un extremo a otro. Hemos alzado a la libertad y a una vida independiente a los más pobres de las masas trabajadoras oprimidas por el zarismo y la burguesía…”
(La Tarea Principal de Nuestros Días, 11 de marzo de 1918)

A pesar de la enorme trascendencia de la revolución rusa de 1917, en un momento de su historia ésta fue frenada o desviada, a tal grado que hoy no queda nada del bolchevismo, ni de las tesis de Lenin, ni de un poder obrero que dirija un socialismo que tampoco existe.

Se enterró así, también, una importante fuente de inspiración de la gente de izquierda. Se dió la desbandada y llegó la confusión. Algunos de plano quemaron sus libros y se integraron al neoliberalismo y al estado que tanto combatieron.

Por su parte, la Revolución Mexicana se festeja el 20 de noviembre, así que el gobierno mexicano ha celebrado estos días el centenario del movimiento armado en contra de la dictadura de Porfirio Díaz.

Sin embargo, la fecha del 20 de noviembre de 1910 no tiene sentido histórico ya que el movimiento en contra de Díaz inició muchos años antes. En realidad, en esa fecha solamente se proclamó el llamado “Plan de San Luis” de Francisco I. Madero. Pero la insurrección contra el régimen déspota asesino de Díaz tiene sus orígenes en las rebeliones Yaquis y Mayas en el norte y en el sur de México, en las huelgas obreras de Cananea y Río Blanco y otros alzamientos más ocurridos antes de 1910. Por otra parte, no se trataba solamente de una insurrección en contra de un gobierno dictatorial, si no que también era una insurrección en contra de la explotación y opresión de los capitalistas nacionales y extranjeros, es decir en contra del capital.

Además, si de fechas claves se trata, no hay que olvidar que fue en 1906 cuando Ricardo Flores Magón y el Partido Liberal Mexicano (PLM) convocaron al pueblo mexicano a luchar contra la dictadura. En su libro “La Revolución sin frontera”, Javier Torres Parés escribió:

“En una ‘Proclama a la Nación’, de septiembre de 1906, enviada por la Junta a los jefes de los grupos rebeldes para que la publicaran como suya al levantarse en armas, el PLM se declaró abiertamente, por primera vez, en rebelión contra el Porfiriato. En ella señalaban que los ‘crímenes cada vez mayores de la dictadura, y la imposibilidad de ser atendidos por medios pacíficos, pues cuantas veces hemos querido ejercitar un derecho hemos sido atropellados por los tiranos, nos precipita a la revolución’. Anunciaban también que no depondrían las armas hasta el triunfo del movimiento revolucionario. Ricardo Flores Magón y Juan Sarabia, que habían permanecido ocultos en Canadá, llegaron a El Paso, Texas, en donde se reunieron con Antonio Villarreal y Prisciliano G. Silva en septiembre”.
(Publicación de la Facultad de Filosofía y Letras UNAM, 1990)

Así que, en mi opinión, el centenario de la Revolución Mexicana debería haberse celebrado en el 2006 en la frontera de Ciudad Juárez, Chihuahua-El Paso, Texas.

Como sea, la Revolución Mexicana de 1910 tampoco significó un cambio profundo del sistema, a tal grado de que a más de cien años de ocurrida, las aspiraciones de justicia económica y social de los mexicanos no se han materializado. Es cierto que uno de los resultados fue la promulgación de la Constitución de 1917 que garantizaba el derecho a la sindicalización, a la educación y al acceso a la tierra, pero a través de los años, estos derechos fueron nulificados por medio de contrarreformas neoliberales de parte de los “gobiernos” que se apropiaron de ella adjudicándose el título de “herederos de la revolución”.

Porque además, la Revolución Mexicana no podía significar un cambio real ya que no tenía como meta cambiar al sistema económico al que servía la dictadura. Se trataba de cambiar un gobierno anti-democrático y autoritario por uno supuestamente más democrático pero dejando intacto al sistema capitalista.

El gobierno federal está celebrando un centenario de la Revolución Mexicana en medio de una terrible situación de una pobreza en ascenso, de despojos, una explotación brutal, discriminación, intolerancia, desigualdad y una violencia incontenible en contra de la población y en contra del medio ambiente que ya nos ha empujado a la orilla del precipicio.

Y lo peor es que nos encontramos el filo del abismo y no hallamos la solución a nuestro predicamento. A la mayoría solamente se le ocurre pedir auxilio a esas mismas fuerzas que nos ha empujado al lugar en que nos encontramos. Pero además, el ambiente es de desámino e inmovilidad, como que no hay una inspiración generalizada para avanzar al cambio verdadero.

Entonces, pareciera que no hay ninguna revolución, pasada o futura, que celebrar, que después de todo noviembre no es un mes tan revolucionario como pensamos muchos.

Pero si bien es cierto que no tenemos una revolución que festejar, no podemos negar que si hay algo que está ocurriendo en este momento, que si hay esperanza y que aunque lejano, si se mira el horizonte. Que aunque no hay mucho que celebrar de estos eventos revolucionarios, algo cruje abajo.

Está ocurriendo una crisis del sistema y es una crisis de dominación. El mal gobierno ya no puede gobernar, al menos que lo haga por medio del autoritarismo y la violencia y los gobernados ya nos cansamos de un sistema que solamente nos trae miseria, violencia, muerte y la imposibilidad de encaminar nuestra existencia para el bien común. Pero como el mal gobierno es solamente el medio de dominación del capital en realidad nuestro cansancio es en contra del sistema. O sea que es una crisis de dominación del sistema capitalista. John Holloway, en su más reciente libro, “Crack Capitalism” (Pluto Press, 2010), lo escribe así:

“Nosotros, no los capitalistas, somos la causa de la crisis. El capital es una relación de subordinación, nos lleva a la subordinación de todos los aspectos de nuestras vidas a la lógica del capital. Si es una crisis, es debido a nuestra insubordinación porque estamos diciendo ‘no, no más’…”

En el 2010 no tenemos una revolución que celebrar, pero si tenemos una rebelión en curso en contra del dominio del capital. Está pasando ahora en los campos, en las ciudades, en los barrios, en las fabricas, en las escuelas, por todos lados. Las resistencias y las luchas, grandes o chicas, se multiplican día a día. Los ejemplos concretos abundan. Esto probablemente es lo que más importa en este momento que lo que haya ocurrido hace más de cien años…

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2 comentarios en “1910-2010: Un proletariado sin revolución

  1. hola carlos normalmemente los mexicanos, tenemos en mente la fecha de nacimiento y es bueno, pero el miedo a lo desconocido , no deja avanzar a nuestro pais (la fecha de muerte) por eso el temor lo convertimos en albures, y dichos,,,,para tomarlo con calma,,,,,,,,mejor seria para avanzar y liberarnos de ese peso,, dejar de pensar en ello y dedicarnos a mejorar cada dia nuestras vidas personales

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