La Vía Campesina denuncia la agricultura climáticamente inteligente

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Este día 23 de septiembre del 2014, en el marco del lanzamiento de la Alianza Global por la Agricultura Climáticamente Inteligente en la Cumbre Climática de las Naciones Unidas, en la Ciudad de Nueva York, La Vía Campesina hace pública la siguiente declaración

Desenmascarando la Agricultura Climáticamente Inteligente

La historia se presenta primero como una tragedia, después se repite como una farsa…

Como mujeres, hombres, campesinos, pequeños granjeros familiares, migrantes, trabajadores rurales, indígenas y jóvenes de La Vía Campesina, denunciamos a la Agricultura Climáticamente Inteligente la cual se nos presenta como la solución para resolver el cambio climático y como un mecanismo para el desarrollo sustentable. Para nosotras y nosotros lo que queda claro es que bajo la apariencia de abordar el problema persistente de la pobreza en el campo y el cambio climático, no hay nada nuevo. Más bien, es la continuación de un proyecto iniciado con la Revolución Verde en la década de 1940 y que continuó de los 70 a los 80 con los proyectos de Reducción de Pobreza del Banco Mundial y los intereses de las corporaciones involucradas. Estos proyectos, como la mentada Revolución Verde, diezmaron las economías campesinas particularmente en el Sur, al grado que muchos países, como México, por ejemplo, que fueron auto-suficientes en producción de comida en un par de décadas se hicieron dependientes del Norte para poder alimentar a su población.

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Los Muertos de Hambre del Capitalismo

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Carlos Marentes

En una nota publicada el 28 de octubre pasado, La Jornada informaba que en un pueblecito rural de San Luis Potosí, llamado Charco Cercado, los pobladores se dedican a cazar ratas para comer. Esto se debe a que el campo ya no produce y la mayoría no tiene un ingreso seguro para comprar el maíz y el frijol necesario para alimentar a las empobrecidas familias.(1)

No me sorprende que en Charco Cercado la gente pobre tenga que cazar ratas para alimentarse. Hace tiempo estuve en Zacatecas acompañado de mi hijo Carlos cuando se nos ocurrió ir al mercado de comidas. A la entrada del mercado, unos campesinos ofrecían ratas muertas como si estuvieran vendiendo pollos. Las amas de casa se acercaban y después de mirarlas detenidamente señalaban la que querían. El campesino tomaba la rata y con un filoso cuchillo la despellejaba, la envolvía en papel de periódico y la entregaba a la compradora al tiempo que le decía: “Son cincuenta pesos, marchanta…”

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