Diez minutos para acabar con el capitalismo


Jean Salem

DIEZ MINUTOS. Aquella tarde cada ponente disponía de diez minutos para hablar de la actualidad del marxismo. Justo el tiempo de una entrega de premios.

Caritativamente. El primero minuto yo lo había dedicado aquella tarde a los pitufos caritativos, a esos dignos representantes de una generación que ha pisoteado sus valores, de una generación de palinodias y jueguecitos en Bolsa, de “comercio justo”, de payasadas humanitarias mezcladas de culto-al-ego y frenéticas llamadas a la guerra. Porque en el fondo de este océano de azúcar, de miel y de caramelo blando en el que hemos tenido que sobrevivir, como en estado de apnea, durante veinte años; en esta feria de buenos sentimientos (que como no hacen mal ninguno, no pueden hacer más que el bien), a lo que finalmente hemos asistido es a la santificación de la actual situación de facto.

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El regreso a las tesis de Lenin

Carlos Marentes

Hace varios años me reencontré con V. I. Lenin a raíz de un viaje a Seattle. Entonces vivía ahí mi hijo, así que me llevó a conocer a sus amigas y amigos y las partes más interesantes de la ciudad. El sitio que más me agradó e impresionó fue un triángulo, rodeado de coffee shops, en el barrio Fremont, que alberga la figura de uno de los revolucionarios rusos más importantes de la historia. En esa esquina, frente a una fonda de tacos, se encuentra una impresionante estatua de Lenin. ¡Algo increíble! La estatua estaba adornada con flores, fotos y otros tipos de recuerdos de mucha gente que no lo había olvidado.

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